Londres, fascinante
Desde hace tiempo, las dos horas en maratón son tan frágiles como la pompa de jabón que nos embelesa en sus fulgentes y hermosos colores. La pompa se hincha y flota con la certeza del observador de que su vida es efímera y va estallar en cualquier instante. Los últimos ...
Desde hace tiempo, las dos horas en maratón son tan frágiles como la pompa de jabón que nos embelesa en sus fulgentes y hermosos colores. La pompa se hincha y flota con la certeza del observador de que su vida es efímera y va estallar en cualquier instante.
Los últimos esfuerzos de grandes corredores, como los kenianos Eliud Kipchoge y Kelvin Kiptum, y el ugandés Jacob Kiplimo, han transformado la ilusión y el sueño en una bella y cercana realidad. Algo probable y objetivo se desvaneció el domingo cuando la temperatura en Londres registró 64 grados Fahrenheit, 18° Celsius y 76% de humedad.
Todas las condiciones humanas estaban puestas en forma espléndida. Londres aspiraba entrar en la historia con su espíritu de competencia, organización, alegría, entusiasmo, premios económicos atractivos, su circuito rápido y un grupo de elite con la más alta tecnología de las zapatillas ultraligeras y del más eficaz rebote, así como el respaldo esencial del entrenamiento en el Valle del Rifth, con cargas semanales de 220 kilómetros de promedio, a más de 2,200 m de altura, que incluyen no menos de 17 expresiones de fartlek diseñadas en el laboratorio, análisis de consumo de oxígeno, dieta, medición de lactato; horas de sueño.
Todo un universo de conocimientos al servicio del esfuerzo y la resistencia. Desde los albores del siglo XXI, y desde mediados de febrero, cuando Kiplimo, de 24 años, destrozó el récord mundial de media maratón en 56’42” en la eDreams Mitja Marató, de Barcelona, se acentuaron las expectativas, los deseos y las esperanzas. Kiplimo nunca había corrido los 42,195 km, son otras coordenadas de esfuerzo, tiempo y resistencia, pero, aun así, su rapidez promedio de 22,600.8 kph y crono de 2’39”2 por km —dos horas exactas equivalen a 7,200 segundos y promedio de 2’50.6 por km— despertaron un interés y atractivo objetivo deportivo y científico.
Más objetivas fueron sus declaraciones previas a la competencia: “No pretendo ganar ni romper el RM. Deseo alcanzar una buena marca personal y si subo al podio lo consideraré un éxito”. El London Marathon lo conquistó el keniano Sabastian Sawe en 2’02”27 y Kiplimo ocupó, en su debut, el segundo lugar en 2’03”37. En tercero Alexander Mutiso Munyao, Kenya, 2:04’20”.
La afirmación de que el maratón empieza a los 35 km contiene validez. En el Km 30, ritmo de 180 pasos por minuto, Sawe señala 1:27’44”, Kiplimo un segundo más y Kipchoge empieza a retrasarse y a perder contacto. Sawe se despega poco antes del 35. En el crepúsculo de su carrera, 40 años, Kipchoge, bicampeón olímpico y el primer hombre en cruzar las dos horas sin reconocimiento oficial, ofrece la grandeza de su espíritu competidor. Cuánta majestuosidad.
Finalizó sexto en 2:05’25”. En la competencia femenina ganó la etíope Tigst Assefa, 2;15’50”; 2º. Joyciline Jepkosgei, Kenya, 2:18’44”; 3º. Sifan Hassan, campeona olímpica, de Países Bajos, en 2:19’02”. Un desquite de Tigst, subcampeona olímpica sobre la notable Hassan y con movimientos más armoniosos que Jepkosgei.
