Las mujeres, caían
El hombre cree en sus ideas. En cada época las ideas dominan al hombre. A fines del siglo XIX y principios del XX, la sociedad de Europa en general y principalmente las mujeres, por alguna razón, creían que aquellas que practicaran el atletismo, actividad que exigía ...
El hombre cree en sus ideas. En cada época las ideas dominan al hombre. A fines del siglo XIX y principios del XX, la sociedad de Europa en general y principalmente las mujeres, por alguna razón, creían que aquellas que practicaran el atletismo, actividad que exigía notable esfuerzo, las haría envejecer prematuramente. Hoy acaso nos podríamos reír de esta creencia, como seguramente se reirán de algunas costumbres e ideas nuestras dentro de dos o tres generaciones. El atletismo femenino se incorporó en los JO de 1928 en Amsterdam por diversas razones, entre ellas: la Asociación de atletismo femenino no se había incorporado al movimiento olímpico. Recuérdese que cuando el barón Pierre de Coubertin convenció a Europa de crear los JO modernos se dio cuenta de la necesidad natural de crear organismos que rigieran los deportes con el propósito central de unificar los criterios de competencia de cada una de las disciplinas. Así fue como se formaron de manera paralela y simultánea las Federaciones Internacionales. En los JO de la antigua Grecia, cuando los hombres competían desnudos, no se permitía a las mujeres ser espectadoras, incluso se les podía castigar con pena de muerte. La prohibición era para las casadas. No así para las solteras, que tenían la libertad de presenciarlas. Las mujeres griegas de hace poco más de dos mil años organizaban competencias de atletismo en Olimpia y las dedicaban a la diosa Hera y a la hermosa Atalanta, protagonista de un mito que abrevio: era una mujer bella de pies ligeros que, como no deseaba casarse, anunció a sus pretendientes que contraería nupcias con aquel que la venciera en una carrera atlética en la que les concedería algo de ventaja, con la siniestra advertencia de que si les daba alcance los mataría atravesándolos con una lanza. Varios jóvenes perdieron la vida. El ingenioso Hipómenes la desafió; cuando Atalanta estuvo a punto de alcanzarlo y se disponía a lancearlo por la espalda, Hipómenes, arrojó al suelo una hermosa manzana de oro del Jardín de las Hespérides. Atalanta se detuvo a coger la manzana. Hipómenes le arrojó otras dos y llegó primero a la meta. La codicia de Atalanta la hace creadora del profesionalismo atlético… El 2 de agosto de 1928 durante los JO se realizaron los 800 m lisos femeninos. Ganó la alemana Lina Radke en 2’16”8, RM, pero la mayoría de las mujeres se desplomaban al cruzar la meta. La situación alteró a público y organizadores. Lo evidente confirmaba que la mujer no era para esta clase de esfuerzos. El COI tomó la decisión de proteger a las mujeres y eliminó del programa la extenuante prueba. El maratón, ¡ni pensarlo! El atletismo evolucionó gradualmente y en 1960, los 800 m femeninos reaparecieron en Roma 60. En 1984 en Los Ángeles, tras varios importantes acontecimientos se incorporó el maratón, impensable en la sociedad mundial de fines de la centuria XIX y los albores del siglo XX. El de Boston, creado en 1897, abrió sus puertas a las mujeres en 1972 tras que Roberta Gibb,1966, y Kathrine Switzer, 1967, lo corrieron en forma clandestina.
