Kipchoge, precursor

El adiós de Eliud Kipchoge, el domingo 2 de noviembre en New York, en su recorrido de un cuarto de siglo por pista, campo traviesa y pavimento, proyecta una multitud de significados de lucha, edificados con las armas del esfuerzo, del juego limpio, de la perseverancia, ...

El adiós de Eliud Kipchoge, el domingo 2 de noviembre en New York, en su recorrido de un cuarto de siglo por pista, campo traviesa y pavimento, proyecta una multitud de significados de lucha, edificados con las armas del esfuerzo, del juego limpio, de la perseverancia, inspiradores en un mundo de corredores. Construyó en su privilegiado cuerpo un halo de éxito agonal estimulante, incomparable: a los 37 años fulmina el RM de maratón en su cuarta de cinco victorias en Berlín, 2:01.09, 25/09/2022. Algo de lo más estimulante y que lo eleva a la clase del precursor que entra a una zona desconocida y rompe fronteras físicas y sicológicas, y posibilita a otros la emulación, como lo hicieron otros hombres en diversos campos de arrojo y aventura, coraje, Edmund Hillary, Magallanes, Marco Polo y otros desconocidos, como aquellos que recorrieron por desierto, selvas, mares, navegando en cáscaras de nuez, hace más de 3,500 años, y llevaron semillas de clavo desde Tidore o Ternate a la casa de Puzurum, en las orillas del Eufrates; la lucha deportiva, el maratón, es una aventura en que miles de personajes ignorados realizan hazañas empujados por el afán de descubrir, de ser, de probarse. Eliud Kipchoge, de la tribu Nandi, emergió como un iceberg. Reconfiguró ideas y entrenamientos en intensidad, volumen de kilometraje, en investigación del tiempo y forma de recuperación tras las sesiones de fartlek que alcanzaron entre 180 y 220 kilómetros semanales. Su récord fue roto por el desafortunado Kelvin Kiptum, keniano de la tribu Kalenjin, a los 23 años de edad en Chicago, con un crono de 2:00’35” el 08/10/23, con base de 250 a 280 km. Ambos se vieron favorecidos con el empleo de zapatillas ultraligeras, así como la estrategia moderna de correr en parciales negativos, lo que significa que el competidor debe correr la segunda mitad de la distancia más rápido que la primera. Si se hiciese una extrapolación en función al camino de emulación que deja la herencia de Eliud, ¿qué cronometraje podría haber alcanzado Kiptum a los 37 años de edad? Lo menos que podemos pensar en un cálculo superficial es que la ruptura de las dos horas desvanece el mito de lo imposible y lo coloca en una dimensión real, posible. Como lo han moldeado los precursores, Hillary, Kipchoge… Disculpen los lectores por esta pequeña desviación. Este 5 de noviembre, cuando Eliud cumplió 41 años y tiene en su mira correr en la Antártida en temperaturas probables de -20 o menos grados, la Luna brilló en su máximo esplendor y exhibió un disco superior al acostumbrado, pues se aproximó a la Tierra en 256,833 km. Si Kipchoge corrió un promedio de 200 km diarios en los últimos 10 años, a lo que descontamos 520 días de descanso, entonces corrió 632,000 km. Esto significa que hizo 2 ½ viajes de la Tierra a la Luna. O bien, desde las llanuras del Valle del Rift, este portento de la resistencia le dio, en una década de zancadas, casi 16 vueltas a la línea ecuatorial del planeta. Su exitosa vida lo llevó a ganar 16 de 23 maratones, con dos oros olímpicos y dos récords mundiales.

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