¡Kerr vence a Jakob!
La luz de la victoria se cuela alegre por las venas y el espíritu, llevando al espectador a un estado de éxtasis que lo lleva a exultar; lo sumerge en un estado de ensoñación en el que se funde la silueta de la victoria con la del vencedor. Hay una mezcla de deseo en el ...
La luz de la victoria se cuela alegre por las venas y el espíritu, llevando al espectador a un estado de éxtasis que lo lleva a exultar; lo sumerge en un estado de ensoñación en el que se funde la silueta de la victoria con la del vencedor. Hay una mezcla de deseo en el que se idealiza a un determinado héroe deportivo. Sólo que la competencia atlética es tan difícil, cruel y hermosa, que de 21 pruebas individuales en Juegos Olímpicos o en el Campeonato Mundial de Atletismo, sólo un puñado repite el triunfo. Cuatro, seis. A algunos notables competidores se les atribuyen cualidades y virtudes que, en el ardor del combate, se convierten en cenizas.
El miércoles anterior, en el estadio nacional de Budapest, sede del Mundial, ocurrió una sorpresa en los 1,500 m lisos. El contenido táctico la convierte en el Sol del medio fondo y de tanta dureza corporal, que la proyectan como un desafío a los mejor dotados: a lo largo de la historia de las miríadas de atletas que han competido en los cinco continentes en poco más de un siglo en las 3 y ¾ vueltas a la elipse, sólo seis hombres han cruzado la frontera de los 3’ 27”: Hicham El Guerrouj con el RM en 3’26”00, el 14 de julio de 1998 en Roma; el keniano Bernard Lagat, 3’26”34; su compatriota Asbel Kiprop, 3’26”69; Jakob Ingebrigtsen, Noruega, 3’27”14; el argelino Noureddine Morceli, 3’327”37 (RM en 1995), y el keniano Silas Kiplagat, 3’27”64. Un extra clase como el noruego Ingebrigtsen, campeón olímpico en Tokio 2020-21, mordió el polvo ante el escocés de Edimburgo Josh Kerr, en una lucha espectacular en la que, acaso, la mayoría esperaba el triunfo del peninsular.
Es la segunda derrota en un Mundial de Ingebrigtsen; en 2022 perdió en Oregon ante el inglés Jake Wightman, en una carrera muy semejante a la de hace un par de días. Se puede fundamentar con análisis de esfuerzos una explicación, pero por encima de los cronos y el desarrollo de la prueba, se debe resaltar lo complejo e incierto de la lucha deportiva, lo admirable de que alguien pueda repetir la victoria, esencialmente en JO y CM, que reúnen a los atletas de mayor jerarquía. La tradición y la historia hacen de los JO la competencia de mayor excelencia. Sí, sin duda, Kerr marcó los mejores cronos [400 m–56.66 (7); 500–1,11,69 (10); 800m–1.54.82 (6); 1000m–2.22.09 (2); 1,200–2.49.58 (2); 1,500 m– 3.29.38 (1)], pero reservó más energía en las dos vueltas iniciales y saltó de un décimo a un sexto lugar en 800 y se posesionó del segundo poco antes de cruzar el kilómetro. Ingebrigtsen se colocó en punta desde los 500 m, incluso en la última curva, cuando atacó Kerr, lo obligó a correr por el exterior del carril uno, pero el cierre del escocés, bronce en los JO de Tokio, fue explosivo, en un sprint in crescendo que principió en la línea de los 200 m. Atribuyó su triunfo a la altura de Nuevo México y a combinar el esfuerzo muscular (una de sus mejores series fue correr 8x400 m a un promedio de 54”), con el placer del paladar: contrató a un chef que le hizo bajar y correr con 5 kilogramos menos (4.53592 kg), redujo su peso de 165 a 155 libras.
