Indiscreciones

De entrada, recordemos una declaración de Witold Bańka, presidente de la Agencia Mundial Antidopaje en 2024 fue ministro de Deporte y Turismo en Polonia y excorredor de la prueba de los 400 metros lisos, excampeón de Universiada y bronce en el Mundial de Osaka 2007, ...

De entrada, recordemos una declaración de Witold Bańka, presidente de la Agencia Mundial Antidopaje en 2024 —fue ministro de Deporte y Turismo en Polonia y excorredor de la prueba de los 400 metros lisos, excampeón de Universiada y bronce en el Mundial de Osaka 2007—, dentro de la atmósfera de los JO de París: “Las ligas profesionales y asociaciones universitarias de Estados Unidos se niegan a aceptar la supervisión de la USADA, Agencia Antidopaje de EU, de tal manera que 90% de los deportistas estadunidenses compiten sin someterse a las reglas del Código Mundial Antidopaje”.

Informaciones que, a diferencia de otros países, Rusia, por ejemplo, no alcanzan la estridencia ni los señalamientos acusadores en los medios de comunicación.

EU inscribió en los JO de París, cuando menos, a tres competidores que dieron positivo. Se sabe que en EU algunos deportistas pueden ser autorizados al empleo de sustancias prohibidas por médicos particulares. El punto es que la sustancia produce los mismos efectos de ventaja una vez que penetra en el organismo.

 El dopaje es un problema de lo más complejo que exige una revisión científica, ética, tecnológica más profunda de las principales autoridades que rigen el deporte: COI, federaciones internacionales, AMA, con sus cuerpos de analistas, técnicos y entrenadores. Cada vez, como siempre ha ocurrido, es más difícil detectar las nuevas sustancias de dopaje.

A veces hay indicios, huellas ligeramente perceptibles, que oscilan en la línea delgada de la ética, del rumor, la suspicacia, la sospecha. En enero pasado se anunció la presencia de cuatro formidables maratonistas en el maratón de Londres. Sifan Hassan, de Países Bajos, campeona olímpica en París; la etíope Tigst Assefa, plata; Peres Jepchirchir, oro en los JO de Tokio, y Ruth Chepngetich, récord mundial en 2:09’56” el 13 de octubre de 2024 en Chicago.

 De última hora, Chepngetich declinó asistir a la prueba que del 27 de abril. Jepchirchir tampoco se presentó por lesión en un tobillo. Los atletas que emplean sustancias prohibidas, como Chepngetich, son sometidas a controles médicos de su equipo para evitar rastros de la sustancia prohibida.

Si los hallan, emplean los diuréticos para lavar el organismo. La ausencia de un atleta de última hora debe levantar, cuando menos, una interrogante, como ocurre en los entrenadores y conocedores del deporte.

Es una forma en la que el deportista evita riesgos de ser descubierto. Otra es ser descalificado por salidas en falso o enferman de gripe o simplemente manifiestan sentirse indispuestos. Humanamente es imposible distinguir lo real de lo ficticio.

Precisamente por eso los diuréticos que no sirven para potenciar resistencia o rapidez ni de otra naturaleza que mejore la actuación deportiva están prohibidos, su función de borradores fisiológicos limpia los vestigios de las sustancias prohibidas.

La lucha contra el dopaje, aunque nunca jamás se logre erradicarlo, exige sanciones más enérgicas, disuasorias. Castigos de por vida y desconocimiento de trayectorias al deportista, al entrenador, al cuerpo médico…

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