Ilusión óptica: 400m

Ruego a la indulgencia del lector. El récord mundial de los 400 m lisos de Marita Koch, de la República Democrática Alemana, es de 47”60/100, vigente desde el 8 de octubre de 1985 en Canberra, Australia. En consecuencia, la atleta de EU Sydney McLaughlin al cronometrar ...

Ruego a la indulgencia del lector. El récord mundial de los 400 m lisos de Marita Koch, de la República Democrática Alemana, es de 47”60/100, vigente desde el 8 de octubre de 1985 en Canberra, Australia. En consecuencia, la atleta de EU Sydney McLaughlin al cronometrar 47”78, conquistar el oro en el CM de Tokio se aproximó en 18/100 y no en 8/100 como escribí en mi colaboración anterior. Es uno de los cronometrajes más longevos que ha resistido casi cuatro décadas a los ingentes esfuerzos de las atletas más poderosas.

Ésta y otras consideraciones dan pauta a escribir unas líneas más de algunos enigmas y naturaleza de la prueba que debe ser tratada, estudiada y observaba, como toda actividad deportiva desde el enfoque científico, leyes newtonianas —movimientos de planetas, incluso las sondas espaciales, los drones, el golpe de la raqueta, la brazada del nadador, el pedaleo del ciclista, las zancadas, el desprendimiento de la flecha del arco, los giros helicoidales de clavadistas y gimnastas— fisiología, entrenamiento condensados en las estadísticas, velocidad, rapidez, humedecidos en la torcida y revolcada visión de la política estimulada por la Guerra Fría y el doble tipo de pesas y medidas que emplea Occidente en deporte y actos bélicos.

Sin embargo, ¿cuál es el factor más importante en una proeza deportiva? ¡El conocimiento de la fecha! Sin ella, ¿cómo diseñar el programa y distribuir los esfuerzos del entrenamiento, cómo establecer la temporalidad del tapering-off? A través de los años, se han descubierto secretos y modificado ideas en los 400 m. La sensación que se atribuía y creían algunos atletas, era correr en el carril 1 y el 8. En la óptica geométrica curva de verse en último lugar, con cierto efecto sicológico, según se decía, al principio de la carrera y de no disponer de un punto de referencia cuando el atleta corre por el carril exterior. En Dusseldorf, el cubano Alberto Juantorena, en elipse externa, se desconcertó y se detuvo.

En Río, el sudafricano Wayde van Niekerk cambió la idea y dejó el testimonio de que se puede romper mundial (43”03), sin referencia, al desplazarse por el 8. Los 400 m proyectan un fascinante espejismo. Al entrar en la recta final McLaughlin, se aprecia que, en esfuerzo supremo, acelera, y que la dominicana Marileidy Paulino en reacción extraordinaria se le aproxima. La rapidez de las atletas penetra eléctrica emoción en las tribunas.

El cronómetro indica lo contrario. Las velocidades relativas de una y otra, el espectro de las ocho finalistas, aunque brote el alarido del espectador y cimbre las tribunas, contrastan con la información del cronógrafo, el último segmento de 100 m, es el más lento. En mujeres y hombres en el Everest del esfuerzo siempre es así: parciales de McLaughlin: 100 m –11”71 (11”71); 200 m -22”95 (11”24); 300 m 34”87 (11”92); 400 m –47”78 (12”91). En el hectómetro el atleta, en su esfuerzo frenético, quema hasta el átomo de oxígeno.

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