Gukesh, nueva época

¡Viva el rey! ¡Viva el nuevo monarca mundial de ajedrez! En uno de los acontecimientos más dramáticos y atractivos del naciente siglo XXI, el prodigio indio Dommaraju Gukesh se convierte en el campeón mundial más precoz de la historia. Los argumentos y motivos ...

¡Viva el rey! ¡Viva el nuevo monarca mundial de ajedrez! En uno de los acontecimientos más dramáticos y atractivos del naciente siglo XXI, el prodigio indio Dommaraju Gukesh se convierte en el campeón mundial más precoz de la historia. Los argumentos y motivos deportivos que expresé antes del inicio del match entre el campeón mundial Ding Liren, 32 años, y por qué D. Gukesh era el favorito, se cumplieron con fidelidad. No obstante, las últimas partidas y lo ardiente de los combates, no guardan correspondencia tan fiel con lo que se presenció. Un combate cruel, feroz, hermoso, equilibrado, apasionante —lo que galvaniza y cimbra al espíritu agonal no es la magnitud, sino el equilibrio de las fuerzas—, y con la impresión subjetiva de que Liren profundizaba más en cálculo y en riqueza de ideas, pero al emplear demasiado tiempo de reflexión en sus partidas estimulaba la acerada voluntad de victoria y la energía del impetuoso D. Gukesh, fértil en recursos técnicos e imaginación que aprendió hace un par de años en la Olimpiada de Chennai a no aflojar la tensión de la lucha y a atacar con la ferocidad de un tigre de bengala, sin piedad sobre la presa en el instante oportuno. La impresión de la mayoría de los grandes maestros comentaristas, y diletantes, es que el juego 14 y último del match derivaba hacia el empate. Y que la corona se decidiría en el tie-break. No ha sido así. Un blunder tan inesperado como el que cometió Mikhail Chigorin ante Wilhelm Steinitz —cuando en la partida 23 del match de La Habana, en 1892, jugó 32. Ab4??, y al quitar el alfil defensor recibió mate en dos jugadas— estalló como carga de profundidad y destrozó posición, ilusiones, ambiciones, proyectos. Ding se llevó las manos al rostro. El rostro de Gukesh reflejó el sueño dorado de su vida. Campeón mundial a la edad de 18 años, ocho meses, 14 días. La victoria de Gukesh en sintonía armónica con la época de modernidad y globalización mundial del planeta, marcada por la ciencia y la tecnología de punta, las computadoras y los engines o módulos de cálculo, motores capaces de calcular líneas profundas de exactitud sideral en menos de un segundo que han revolucionado al ajedrez, acaso como ningún otro deporte. Como los telescopios espaciales han abierto un universo inagotable en recursos agonales, ofensivos y defensivos, y revitalizado nuevas ideas en las relaciones de espacio, tiempo y fuerza en el campo escaqueado. Como el Everest, el ajedrez crece, día tras día, pero éste con acelerada rapidez y hacia alturas insospechadas. Se vive la más alta expresión como suma y condensación de conocimientos en los últimos 175 años. El ajedrez se desparrama por Asia y florecen prodigios en India, China, Uzbekistán, Irán, como nunca se había presenciado. Europa ha sido relegada a un segundo plano. El espléndido triunfo de D. Gukesh establece un luminoso mojón en la modernidad y evolución del juego ciencia. Gukesh personifica al más grande héroe de la revolucionaria época.

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