Entorno es destino
Como ensordecedor mugido de gigantesco corno vikingo repitieron algunos crédulos paleros del futbol mexicano el mensaje que arrojó el Chicharito desde Estados Unidos. “Soy una leyenda”. Y, de súbito, de la nada, al Chicharito lo agigantaron en el papel, en la radio y ...
Como ensordecedor mugido de gigantesco corno vikingo repitieron algunos crédulos paleros del futbol mexicano el mensaje que arrojó el Chicharito desde Estados Unidos. “Soy una leyenda”. Y, de súbito, de la nada, al Chicharito lo agigantaron en el papel, en la radio y en la pantalla de cristal, convirtiéndolo, de la intrascendente frase en mayor volumen al aguacate. El mito se desvaneció antes de la puesta del Sol. La realidad es otra. Su cruce trasatlántico reveló el fracaso profesional deportivo y seguramente el éxito económico, dos cosas tan diferentes como la noche del día. Como en la política, en el futbol, hermanos mellizos, se rinde culto a la popularidad, al ídolo de pies de barro, se siembran esperanzas, promesas, y los resultados son de la más mediocre calidad. Alguien suelta una frase hueca y el eco reverbera en pleno estado de oxidación y se acepta como una verdad única e irrefutable. Y cuidado con que expreses lo contrario, porque hay comunicadores que se enfurecen y retuercen de dolor como cuando espolvoreas sal en el lomo de las babosas del jardín. Se cumplen 94 años de inútiles explicaciones, de rizar el rizo en fantasías, subjetividad, superstición e ignorancia deportiva y de la otra… 94 años de que algunos comentaristas siguen despertándose empapados, desorientados y aturdidos en asombro, ahora por el 4-0 ante Uruguay. Si no saben pulsar el nivel del Tri, cuando menos que se enteren del historial. El complejo de inferioridad, el pánico escénico, las francachelas antes y después del partido clave, los malditos penales, la personalidad, los cambios, la línea de tres y de cuatro y el parado, que en serio análisis valen cacahuate (con la misma configuración del Real Madrid no se le gana al Borussia Dortmund ni al Manchester City); ¡ay!, un año antes de que el Arsenal contratara a Mikel Arteta, entonces brazo derecho de Guardiola, sugerimos en este espacio su contratación para el Tri; esto es harina de otro costal. Ahora, la versión para los que gustan cantar ópera y atragantarse de pinole, es la transición generacional, con el añadido de que los muchachos no han tenido oportunidad de jugar y sus botines no han acariciado la pelota en tantos juegos como los uruguayos. Jimmy Lozano, garantía de fracaso, llegó al Tri por sugerencia de los jugadores consultados por Juan Carlos Rodríguez en su puesto de alto comisionado; destituyó a Diego Cocca, que demostró ser mejor, con el Atlas, que los técnicos mexicanos. Futbolistas que piensan más en el confort en los hoteles 5 estrellas que en la idea de adquirir destreza en el entrenamiento. Una de las razones del bajo nivel del Tri es el entorno de tan baja calidad en su zona geográfica. Entorno es casi casi destino. Otra, la herencia de vicios y defectos de los entrenadores mexicanos. Se ha creado una simbiosis cáscara que da a los futbolistas del Tri un aire de confianza y arrogancia edificada en su posición económica sin relación alguna con la deportiva. Ser adulados y vivir en zona de confort los ha convertido en jugadores que no saben competir e ineptos a la lucha en situaciones adversas.
