El mejor momento
Así como la juventud puede considerarse una de las etapas más hermosas de la vida, la percepción señala que, en diferentes épocas de la historia, las generaciones han estimado que les tocó vivir la más sorprendente. Acaso así lo pensaron quienes vivieron en el siglo ...
Así como la juventud puede considerarse una de las etapas más hermosas de la vida, la percepción señala que, en diferentes épocas de la historia, las generaciones han estimado que les tocó vivir la más sorprendente. Acaso así lo pensaron quienes vivieron en el siglo V de Pericles o en el Renacimiento o cuando se corroboró que la Tierra era redonda con el viaje de circunnavegación de Magallanes, concluido por Juan Sebastián Elcano; más tarde, con la invención de la locomotora, el telégrafo, el aeroplano, la computadora, internet… momento tras momento, día tras día, hay transformación, creación y destrucción. Ojos que observan y espíritus que afirman presenciar lo más sorprendente de la historia.
La misma percepción en el paso de los siglos. A poco menos de 20,000 kilómetros de distancia, en la lejana Goa, en el sur-oeste del cono de India, está a punto de finalizar una de las competencias más ásperas y difíciles que marcan un proceso evolutivo asombroso en el ajedrez acaso nunca visto en otros deportes de alto nivel como el tenis, la natación, el atletismo.
El ajedrez vive un periodo de florecimiento con la formación de un núcleo de alto nivel nunca visto. Imagine un Grand Slam o una final acuática o de pista en JO o en Campeonato Mundial en la que ninguno de los diez mejores del mundo califica a la final. Este episodio se marca en Goa. Paralelo con el importante papel de la computadora, internet y los engines motores de cálculo se ha creado un entorno lúdico agonal que ha dado paso a la aparición de larvas de genio de edades tempranas. Competencias diarias del más alto nivel, el estudio obsesivo de las nuevas generaciones, el talento sin esfuerzo no germina, han estimulado la memoria visual y fortalecido el afán por descubrir, crear, por perfeccionarse.
Este fenómeno, el nacimiento de niños y adolescentes geniales, sólo se presencia en la música, en las matemáticas y en el milenario juego de ajedrez. Son muy conocidas las anécdotas sobre la brillante memoria e ingenio de Mozart y Gauss. Aquél, a los 14 años, tan sólo de escuchar una sola vez en la Capilla Sixtina el Miserere, mei Deus de Gregorio Allegri inspirado en el salmo 91 de David, un Viernes Santo durante el Oficio de Tinieblas, lo transcribió al salir del Vaticano.
Y Gauss tendría 8 o 9 años cuando, en un instante, resolvió la suma de los números del 1 al 100 que había propuesto el profesor de primaria. En lugar de sumar, tras captar que hay 50 pares de 101 (1+100, 2+99, 2+98…) multiplicó 101x50 y logró la solución. El chino Wei Yi, a los 14 años, en 2015, ganó el campeonato nacional de su país y finalizó invicto en la Olimpiada de China.
Disputa la final en Goa al prodigioso gran maestro uzbeko Javokhir Sindárov, oro olímpico a los 17 años en 2022. Wei Yi ha hilvanado una cadena de 25 partidas al hilo sin perder +8,=17,-0 y Sindárov, con un solo juego perdido ante el peruano-mexicano José Eduardo Martínez Alcántara, presenta un score de +3,=12,-1. Ambos califican al Torneo de Candidatos a la corona mundial. El ajedrez vive el mejor momento de su historia.
