El astro Duplantis y Djoko encandilan

¡Qué hermoso y fascinante es el universo de los JO! Son como vivir dentro de un caleidoscopio en el que al giro lo acompañan figuras mágicas de luz, color. El magnetismo agonal atrae a millones de espectadores del planeta. La vista se dirige con admiración a la ...

¡Qué hermoso y fascinante es el universo de los JO! Son como vivir dentro de un caleidoscopio en el que al giro lo acompañan figuras mágicas de luz, color. El magnetismo agonal atrae a millones de espectadores del planeta. La vista se dirige con admiración a la destreza de los kayakistas en las turbulencias del río, a la rapidez de mangosta de los jugadores de tenis de mesa, a la rapidez de los sprinters,… a la acrobacia de gimnastas, clavadistas, a la sincronía de las náyades en la natación artística. Hacia dónde dirigir los ojos, cómo elegir el deporte e interpretar conforme la acción y belleza muscular al más grande héroe de la palestra parisina. Lo más reciente: el planeta se paraliza y corta la respiración cuando Armand Mondo Duplantis, de 24 años de edad, toca el empíreo con un salto de 6.25 m, en armonía artística y exquisita técnica.

Es el tercer intento: la pértiga se curva y lo dispara con la potencia de una catapulta, el sueco gira, dirige los pies al cielo y salta limpiamente el listón acompañado de los gritos estertores de unos 75,000 espectadores que forman la garganta del Stade de France. Demostración impecable: el salto con pértiga (2 Kg) es complejo, desafiante en la coordinación del conjunto, pues la pértiga que traza un arco va cambiando su centro de gravedad y peso, y el atleta, en concentración Alpha del yogui, debe controlar armoniosamente con sus brazos el control de la garrocha para que encaje con precisión en el cajete, la zona de despegue. Cuántos episodios vienen a la mente. Ningún acontecimiento humano, sin mediar palabra, ha inmovilizado al planeta como ayer lo hizo Duplantis.

Es el segundo hombre en conquistar sucesivamente dos oros olímpicos después de Bob Richards, El Pastor Volador, que saltaba de puro gusto por aproximarse a los ángeles, en pasos progresivos de la garrocha de bambú, a la fibra de vidrio y de carbono, más flexibles y elásticas; Duplantis, 1.81m de altura y 79 kg de peso, salta y ensancha el horizonte —festeja su victoria con un beso a la novia, con fuertes golpes vikingos al pecho de su amigo que hicieron sonreír a Odín; el tañido triunfal de la campana), Bubka tenía 26 años cuando cruzó los 6m, en París (13-07-1985), y 29 al saltar 6.14 en Sestriere. Potencialmente, con la tecnología, con los ojos cerrados, va por romper los 6.30m. Encandila el amor, la pasión, la perseverancia del balcánico Novak Djokovic, 37 años, curtido su espíritu de lucha ante la adversidad. Su cuerpo trepida de emoción en la arcilla roja de la Philippe Chatrier —llora de alegría y no de frustración e impotencia como cuando fue derrotado en la primera ronda de Río de Janeiro por el argentino Juan Martín del Potro, tras vencer en duelo de gigantes y épocas al murciano Carlos Alcaraz, de 24 años. Su inmarcesible victoria ocurre en la luz crepuscular de su trayectoria deportiva y en sus quintos JO, Beijing, Londres, Río, Tokio; se refleja su tenacidad y voluntad diamantina. El quinto tenista en lograr la inmortalidad con la raqueta áurea olímpica y cuatro Majors después de Steffi Graf, Agassi, Serena Williams y Nadal. A sus 37 años, Nole es el arquetipo del soñador que nunca claudica.

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