El 44”44 mágico

El asombroso cronometraje de Quincy Wilson, adolescente de raza negra, de 16 años, de EU, en los 400 metros planos 44”37/100, transporta fugazmente a unas líneas que escribí hace tres o cuatro décadas con el propósito de tener una idea objetiva del valor de un ...

El asombroso cronometraje de Quincy Wilson, adolescente de raza negra, de 16 años, de EU, en los 400 metros planos (44”37/100), transporta fugazmente a unas líneas que escribí hace tres o cuatro décadas con el propósito de tener una idea objetiva del valor de un cronometraje en esta distancia que, a diferencia de otras pruebas atléticas, se puede disfrutar más con visión periférica, semejante a los 400 m con vallas. La influencia inglesa en muchos aspectos, más allá del deportivo, político, bélico, social, científico, cultural, con sus dos montañas universales, Newton y Shakespeare —las coordenadas geográficas se originan en el meridiano de Greenwich; desde ahí se establece la línea imaginaria 0, origen de la medida de la longitud terrestre y el huso horario que regula a todo el planeta; la altura de las vallas; peso de la bala, disco, martillo; altura y longitud de la portería de futbol, el penalti (sugerido por William McCrum, del Milford Everton, y aprobado el 2 de junio de 1891, etc.)—, ha dado en colocar el marbete de prueba reina a los 100 m planos. Idéntica explosividad o superior emoción se vive y paladea con los 400 m, con la rapidez in crescendo en los tres primeros tercios y declinación en el último segmento; qué cosa tan grande; en la percepción del espectador, los atletas van más lentos y es cuando proyectan mayor electricidad a las tribunas; o la astucia lobuna de 1,500 que, al igual que los 5 o 10 mil m, presentan la combinación de lenta y rápida —que favorece en la estrategia y en la táctica a los atletas de cierre explosivo o los de enorme capacidad resistencial. Cada quien, cada diletante, puede tener su propia prueba reina sin aceptar la tendencia de los pregoneros anglosajones y ecos que los acompañan. Intento cuantificar el valor del 44”37 en un comparativo de calidad con los cronos de 100 y 400 m que durante más de medio siglo fueron perseguidos como muro o límites. Los 10” en el hectómetro, los 45” en 400 m hombre y los 50” en 400 m mujeres. El primero y el tercero corresponden a una rapidez de 10m/ seg y a 8 m/seg, hazaña que lograron el alemán Armin Hary en la pista de Letzigrund, de Zúrich, el 21/VI/1960, y la polonesa Irena Szewinska, 49”99, en Varsovia, el 22/VI/1974. Los primeros en romper los 45 segundos fueron Otis Davis, EU, y Carl Kaufmann (ambos con 44”9, manual, en los KO Roma 60). Señalé un mojón de calidad, para que el lector y aficionado al crono de 44”44 en 400 m le dé una referencia exacta de 9 m/seg. Si un atleta hace entrar al círculo del cuatro mágico 44”44 o menos, puede usted tener la certeza de un atleta de gran clase. Y eso ha hecho Quincy Wilson. Otra cosa es el impacto emocional. Mucho antes de las exequias de Patroclo en las que Aquiles organizó competencias, o el mito de Atalanta e Hipómenes, ya se conocía la emoción e incertidumbre de la carrera. El placer y la angustia del hombre y la mujer se corroboró, quedaron impresos genéticamente en la doble hélice, de Francis Crick y James Watson, en el ADN, cuando en las épocas remotas jugaban el doble papel de sobrevivencia, en la caza, de depredador y presa.

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