Decesos prematuros
A mediados del año pasado circuló en Europa una valiosa y orientadora información de la Organización Mundial de la Salud relacionada con la idea de que los países de la Unión Europea podrían evitar alrededor de diez mil muertes anuales “por enfermedades no ...
A mediados del año pasado circuló en Europa una valiosa y orientadora información de la Organización Mundial de la Salud relacionada con la idea de que los países de la Unión Europea podrían evitar alrededor de diez mil muertes anuales “por enfermedades no transmisibles, prevenibles”, como consecuencia de la inactividad física de la población, y evitar un impacto económico de 520,000 millones de euros en costos sanitarios, del 2023 al 2030. Guiar a niños, jóvenes, adultos y ancianos, con programas de los gobiernos, a formar un estilo de vida activa con un plan de ejercicio de 150 minutos a la semana, el equivalente a 21 ½ minutos al día. La educación física y el deporte fluyen cuando menos en un par de corrientes con diferentes matices según el grado cultural de los pueblos. Viene este recuerdo con el reflejo de una paradoja: si el deporte, como la EF, son generadores de salud, ¿entonces por qué con relativa frecuencia se presencia la muerte de deportistas jóvenes? El pasado miércoles 17 fallece Shawn Barber, de 29 años de edad, oro en el salto con pértiga en el Campeonato Mundial de Beijing 2015, décimo puesto en los JO de Río de Janeiro; muere el lunes 22 la cubana Maricet
Espinosa González, de 34 años, campeona panamericana de judo, en la división de 63 kilogramos —según la revista cubana Cubalite, de un ataque cardiaco tras una cirugía estética en los senos. También el 22 perece la atleta española Alba Cebrián, de 23 años, tras sufrir un desvanecimiento durante unas prácticas el jueves 18 en el Club Celtiberos de Soria. Los decesos en el deporte ocurren por causas naturales, por problemas congénitos y, como lo ha advertido la esfera del deporte, por el empleo de sustancias prohibidas. Acaso de manera semejante a la OMS, la World Athletic como el Comité Olímpico Internacional y las federaciones internacionales deberían no sólo intensificar las advertencias y medidas preventivas del empleo de sustancias prohibidas, sino, tal vez, con respeto y el más delicado tacto posible, con madurez moral, investigar en el entorno el fallecimiento de cualquier deportista miembro de las FI, con espíritu científico y de servicio a los competidores. Rastrear origen (y motivaciones), en un intento por evitar y advertir lo nefasto que resulta transgredir el juego limpio con el uso de sustancias que llevan a la muerte. Subrayemos algo: la finalidad del deporte de alto rendimiento no es alejar a los competidores del uso de drogas o sustancias prohibidas ni para bajar de peso y escapar de la diabetes. El deporte-competencia se enfoca a luchar por la victoria, por alcanzar elevados objetivos de romper récords, subir al podio olímpico y mundial, ser finalista, famoso y retribuir económicamente el esfuerzo. Ser engranaje de un gran espectáculo. Los ingentes entrenamientos de los atletas, en los puntos de mayor tensión corporal y mental, los hace vulnerables en su salud. Cuando más rebosantes de energía, los entrenamientos los llevan al filo del derrumbe físico. Algunos lo esquivan rompiendo el fair play; se despeñan a un abismo mortal.
