Cultura light

En un lustro de actividad laboriosa de abejas y hormigas en diversas parcelas sociales, deporte, política, visión de madurez y modernidad, de probar capacidades ante el desafío de una extraordinaria aventura y empresa, en la que participaron brillantes profesionales, ...

En un lustro de actividad laboriosa de abejas y hormigas en diversas parcelas sociales, deporte, política, visión de madurez y modernidad, de probar capacidades ante el desafío de una extraordinaria aventura y empresa, en la que participaron brillantes profesionales, México alcanzó el punto cenital de su historia en una época de esfuerzo y transformación, del 18 de octubre de 1963, cuando se ganó la sede de los Juegos de la XIX Olimpiada, al 27 de octubre de 1968 en el estadio de CU, en la más hermosa fiesta de la juventud universal de cuantas se habían celebrado. Intensos sentimientos de emoción y fraternidad y el testimonio del éxito de un puñado de héroes nacionales que conquistaron 9 medallas, 3 de oro, 3 de plata y 3 de bronce. Recuerdos pintados de alegres colores, como un hermoso sueño que danza fugaz, efímero; vive por unos instantes y se desvanece en dulces imágenes que dan paso y trasladan al comparativo irremediable con la época actual. Hay avances, incuestionable progreso y transformación con la tecnología y la percepción de las nuevas generaciones. Son 55 años en los que las agujas del reloj se han detenido y las 9 medallas que condensan el testimonio y capacidad de tantas personas de aquella época, el presidente Adolfo López Mateos, José de Jesús Clark Flores, Pedro Ramírez Vázquez, Alejandro Ortega San Vicente, y otros, Javier Ostos Mora, César Moreno, Rubén Acosta, Guillermo Montoya, la participación de tantos entrenadores extranjeros que revolucionaron el deporte, el esfuerzo de un centón de atletas mexicanos, la idea de los ensayos, en organización, servicios, competencia, en 65, 66 y 67, con las Semanas Deportivas Internacionales y la invitación de las principales luminarias de los cinco continentes, los campamentos en el extranjero, la energía y febril entusiasmo de los medios, las medallas, decimos, con todo el optimismo, dinamismo y verbo, siguen ahí, tan inalcanzables como querer estirar el brazo y tocar la Luna. Jerzy Hausleber, Ronald Johnson, Lester Lane, Enrique Nowara, Casimiro Marzek, Tadeusz Kepka, el doctor Gabriel Cherebetiu, Hüseyin Erkmen, maestros en el arte de la persuasión y convencimiento, y otros más, orquestaron con entrega al servicio de los deportistas y técnica un programa avanzado de enseñanza en el campo agonal. Algunos, de la nada, elevaron el nivel competitivo, como en caminata, natación, voleibol. Con sabiduría encendieron en el corazón y espíritu de los atletas la idea inspiradora de ser actores en la grandeza de los JO, el sueño dorado de ser gigantes, equipararse con los más notables héroes olímpicos, a través del esfuerzo, la lucha y el afán de superación. Las bitácoras con los entrenamientos no se conservaron, algunas acaso fueron almacenadas en cajas de cartón; el tiempo hizo el resto. Hoy, las palabras que involucraban la dureza de la roca con la constancia de la gota de agua, han perdido fuerza, para ser sustituidas por una cultura deportiva light con enfoque social cargada de verborreísmo sin concreción real.

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