Combate, sin éxito

La lucha contra el dopaje deportivo es interminable, sin fin, pozo de Demócrito, sin que jamás vaya alcanzar el éxito; es como la línea del horizonte. La razón principal estriba en la naturaleza, en la condición humana, polos opuestos de valores. Las leyes se hicieron ...

La lucha contra el dopaje deportivo es interminable, sin fin, pozo de Demócrito, sin que jamás vaya alcanzar el éxito; es como la línea del horizonte. La razón principal estriba en la naturaleza, en la condición humana, polos opuestos de valores.

Las leyes se hicieron con el propósito de cumplirlas, de crear una atmósfera de armonía, respeto, equidad social. Se establecieron medidas para los infractores.

Los JO de la era moderna celebrados en Atenas nacieron acompañados de la trampa de Belokas en maratón. Se tenía evidencia y constancia de muertes anteriores a 1896 por el uso de sustancias prohibidas en ciclismo.

 Distingamos con un ejemplo la evidencia del acontecimiento real, herencia de la Grecia de la antigüedad. Lo que observamos al ver el Sol, no es el Sol; es la imagen residual, la luz del disco, del globo que llega al planeta tras un viaje de 8 minutos con 20 segundos; de otra manera, aproximadamente 500”.

En realidad, el astro se localiza un poco más al oeste en su trayectoria. Los sentidos nos engañan. En 2014, la Asociación Mundial Antidopaje (WADA) incorporó los gases xenón y argón en la lista de sustancias prohibidas,  “el 70% de los campeones olímpicos rusos habían empleado el xenón”.

La WADA fue creada por el COI en 1999, poco después del escándalo del equipo ciclista Festina, porque a raíz de un “chivatazo” se descubrió y corroboró que sus pedalistas utilizaban EPO, sustancia entonces indetectable, hormona del crecimiento y testosterona.

La última Federación Internacional que se resistió a firmar el documento que obligaba el respeto al nuevo organismo fue la UCI. A Lance Armstrong se le expulsó de por vida sin pruebas de positivo. El mar de evidencias lo cubrió. El punto es que uno o algunos de los puntos frágiles en la lucha contra el dopaje en sanciones e interpretación obedece con frecuencia al criterio político torcido a la ausencia del conocimiento científico y otras tendencias muy humanas.

Décadas de campaña de desprestigio de Occidente contra China, Rusia y otros países del Este. Cuando Armstrong fue sancionado, las personas íntimamente conectadas con el ciclismo señalaban por lo bajo que Travis Tygart, titular de la Agencia Antidopaje de EU, le solicitó un soporte económico para su organización y el pedalista se la negó; lo que fue el principio de una feroz cacería. 13 de los 21 podios que subieron con el vencedor del Tour de France dieron positivo en laboratorio y no recibieron semejante sanción.

Hace tiempo, L’Équipe —en los 70, sus páginas color de rosa se conseguían en la Zona Rosa del DF— publicó una lista en la que 7 de los 10 mejores sprinters de EU y Jamaica corrieron dopados: Tyson Gay, 9”69 (2013); Yohan Blake, 9”69 (2009); Asafa Powell, 9”72 (2013); Justin Gatlin, 9”77 (2006); Tim Montgomery, 9”78 (2005); Ben Johnson, 9”79 (1988), y Steve Mullings, 9”80 (2011).

El dopaje es inevitable. Ni advertencias de daños mortales frenan al hombre o a la mujer en potenciar fuerza, rapidez, resistencia por alcanzar dinero, celebridad, oro olímpico, récord mundial o poseer un cuerpo semejante a Venus o Apolo. Vanidad, estolidez, ignorancia.

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