Coe juega con dos barajas marcadas
Asómbrate de cuanto existe. Clemente de Alejandría El deporte, como la vida misma, no es certidumbre; de serlo, perdería su fascinante encanto. En los griegos de la antigüedad no existió el concepto de récord. La victoria significaba todo; y hacían participar a ...
Asómbrate de cuanto existe. Clemente de Alejandría
El deporte, como la vida misma, no es certidumbre; de serlo, perdería su fascinante encanto. En los griegos de la antigüedad no existió el concepto de récord. La victoria significaba todo; y hacían participar a los dioses en el destino de las competencias y de la guerra. La curiosidad de los ingleses y de los apostadores de carreras de caballos y atletas produjo la necesidad de medir la rapidez y de anticiparse y aproximarse con el conocimiento de variables y su relación espacio-tiempo, estado de forma, a los resultados. Desde los primeros maratones en JO se registra la picardía, la trampa y el dopaje paralelo al esfuerzo y espíritu del fair play. En Atenas 1896 el griego Spiridon Belokas ahorra energía y se trepa a un auto; se descubre el ardid y es descalificado. En Londres 1908, cuando se estableció la actual distancia oficial de 42,195 m, Dorando Pietri, que se dopó con cognac y estricnina, fue descalificado porque al entrar al estadio confundió el trayecto, cayó y fue ayudado a levantarse. Uno de los que lo ayuda fue, al parecer, Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes. La dramática llegada provoca confusión en la manada y se convierte en una celebridad cuando la reina Alejandra le da una copa de plata en compensación. Recibe mayor reconocimiento que Johnny Hayes, el vencedor. Algo semejante ocurre tras la victoria de Joan Benoit, primera vencedora olímpica en Los Angeles 1984. La suiza Gabrielle Andersen sacudió la ignorancia del estadio con una dramática llegada. Entre que caía y no caía, al cruzar la meta una ovación de miles de ignorantes la festejó. El otro enfoque de atletas, entrenadores y conocedores fue diametralmente opuesto: una deportista mediocre, impreparada, sin idea del atletismo ni de las fuertes exigencias del maratón. El domingo, la keniana Ruth Chepngetich sorprende al convertirse en la primera mujer en romper el muro de las 2 horas con 10 minutos al marcar en Chicago 2h:09”56, en la tercera victoria que logra en la Ciudad de los Vientos. El gran secreto del ramillete de récords mundiales en 5,000, 10,000 y maratón estriba en las nuevas zapatillas ultraligeras que han creado un mundo tan alucinante como artificial. Sebastian Coe, presidente de la World Athletic, juega con dos barajas marcadas: su relación con los fabricantes de zapatillas y autorización a que los atletas empleen el dopaje tecnológico. Se presencia un progreso de rastrillo de rasurar. Hoy, bajo la entresuela, hay un trampolín o catapulta. Mañana pueden ser dos o tres lengüetas de fibra de carbono. David Vázquez, experto en biomecánica de zapatillas deportivas, excolaborador de Nike, biólogo de la UNAM, dice que hay tres aspectos primordiales en el dopaje: el material y la longitud de la lámina, grafito, polímero, que va de los dedos al talón, y el hule espuma que lo rodea. En 5 años el RM ha mejorado en 05’30”. En uno, 02’00”. Hay muchos ángulos que tocar.
