Ceteris paribus
¡2:11’53’’! Por un instante cuando la etíope Tigist Assefa se descalzó, besó su zapatilla blanca y lanzó la mirada al cielo, asocié el momento estelar de su asombrosa carrera, que marca además resonante triunfo sobre la escuela keniana, su acérrima adversaria, ...
¡2:11’53’’! Por un instante cuando la etíope Tigist Assefa se descalzó, besó su zapatilla blanca y lanzó la mirada al cielo, asocié el momento estelar de su asombrosa carrera, que marca además resonante triunfo sobre la escuela keniana, su acérrima adversaria, con aquel simbolismo fascinante de la película Odisea en el Espacio 2001 de Stanley Kubrick, que une, en contrastante cambio de imagen y sonido, la evolución del hombre de la lejana época de la prehistoria, antes de que se irguiese totalmente, al ápex de la edad espacial. El fémur vuela, en giros ascendentes, en la energía musical de Así habló Zaratrusta de Richard Strauss y de súbito, la sonda espacial que se desliza silenciosa, en el infinito, con la tersa música del Danubio azul de Johann Strauss. El 30 de septiembre 2001, la japonesa Naoko Takahashi rompió en Berlín el muro de las 2:20’. Pulse la progresión fantástica, Assefa es la primera mujer en correr en menos de 2:12’ la distancia de 42 mil 195 metros, en una actuación que modificó los reflectores que seguían las poderosas zancadas del astro keniano Eliud Kipchoge que consiguió su quinta victoria en Berlín y decimoctava en 21 oportunidades, para dirigirse al ritmo elástico y alegre de la atleta etíope que cruzó como un meteoro, en aceleración creciente, por las puertas de Brandeburgo ante la admiración de espectadores. Corrió en parciales negativos: 1:06’20” la primera mitad y 1:05’33”, la segunda, con una espléndida labor del pacemaker que se apartó caballerosa y profesional antes de cruzar la meta. El RM anterior lo poseía la keniana Brigid Kosgei en 2:14’04’’ en Chicago 2019; lo que significa que la etíope redujo 02’11”; con una ventaja de casi seis minutos sobre la keniana 2ª. Sheila Chepkirui, 2:17.49, diferencia de 5’56” exactos. Se abren grandes perspectivas para el podio de oro en París. Pero, si además de la enorme capacidad físico técnica que exhibió se suma el poder mágico de las zapatillas ultraligeras que llevan una placa de carbono, Adizero de Adidas, y gruesa espuma, es probable que encuentre oposición. Acaso nadie haya mostrado tan sorprendente progresión como Assefa. En marzo de 2022 señaló 2:34 y en septiembre triunfó en Berlín en 2:15.37, redujo ¡casi 19 minutos! La altura y condiciones climatológicas hacen de Berlín una ruta ideal para el maratón, es terreno casi plano con altimetría promedio de 38 y 53 m de altura sobre el nivel del mar y temperaturas que oscilan entre 12° y 18° Celsius. En la euforia del RM de Assefa hay quienes tienden al comparativo no sólo con el Scoring Tables de la IAAF ideado por Bojidar Spiriev, ya fallecido, si no en señalar que la etíope corrió más rápido que Abebe Bikila 2:15.37 descalzo en Roma y 2:12.11 en Tokio. En seco definitivamente no. ¡Ceteris Paribus! Frase latina que significa el resto de las cosas por igual. De tiempo a tiempo no. Cuánto habría cronometrado Bikila con las zapatillas mágicas. Menos de 2:10. Tan desigual como comparar los cronos de Verstappen con los de Fangio.
