Aparición del genio

El fino hilo del tiempo une, acaso, la memorable hazaña del niño argentino Faustino Oro, larva de genio, convertido desde el domingo, en el Torneo cerrado de Barcelona, en el maestro internacional MI más precoz de la historia, a la edad de 10 años, 8 meses y 16 días, ...

El fino hilo del tiempo une, acaso, la memorable hazaña del niño argentino Faustino Oro, larva de genio, convertido desde el domingo, en el Torneo cerrado de Barcelona, en el maestro internacional (MI) más precoz de la historia, a la edad de 10 años, 8 meses y 16 días, con aquella nube sideral de jugadores europeos que, al estallar la II Guerra Mundial, durante la VIII Olimpiada de Buenos Aires —24 de agosto al 29 de septiembre de 1939—, se quedaron a vivir en Argentina: el polonés Miguel El Viejo Najdorf; el sueco Gideon Stahlberg, quien regresaría a Europa en 1948; Miguel Czerniak, quien jugó por Israel y Palestina; el austriaco Erich Eliskases; el alemán Herman Pilnik, residente desde 1930. Estos hombres enriquecieron y fortalecieron el ajedrez gaucho en figuras emblemáticas como el pedagogo de América, Roberto Grau, Óscar Panno, Julio Bolbochán renombrado investigador, analista de Panno, Najdorf, Quinteros y otros. El niño batió el RM de precocidad en poder del indio-estadunidense Abhimanyu Mishra a la edad de 10-09-03. Al pasar fugaz revista a la historia, Faustino se ha encaramado en la cumbre más alta de la cronología biológica, jamás alcanzada por figuras legendarias e inmarcesibles: Lásker, Capablanca, Alekhine, Fischer, Kárpov, Kaspárov, Anand e, incluso, el noruego Carlsen, la más notable expresión de la época.

Interpretemos el acontecimiento dentro del proceso constante, cambiante, con la tecnología, de la humanidad. Se funden en la aparición de este niño con rasgos de genio dos coordenadas: el entorno y cultura extraordinaria del ajedrez argentino con la época revolucionaria, floreciente de talentos y niños prodigio, en la que el milenario juego en la modernidad del siglo XXI se ha disparado con la tecnología —computadoras, módulos de cálculo, acceso instantáneo a competencias en diversos sitios del planeta—, con el elevado número de practicantes y la creciente ola de torneos de alta clase, a la que se añade, específicamente con Faustino, la pandemia mundial. Los padres orientaron sus actividades lúdicas comprándole un ajedrez. Al internarse en el universo mágico de reyes, reinas, torres, alfiles, caballos y peones ladinos y jugar en Chess.com, su progresión fue meteórica.

Era capaz de dar el complejo jaque mate de R, A y C contra R en menos de dos minutos y, en igual lapso, podía resolver el Cubo de Rubik. Al llevarlo al Círculo de Ajedrez Torre Blanca de Buenos Aires, con el MI Jorge Rosito, éste se sorprendió de su enorme capacidad en asimilar las enseñanzas. Al poco tiempo resolvió, en menos de dos segundos, el punto crítico de la partida Leko-Carlsen de 2007. “Juega la línea Scheveningen de la Siciliana y otras sin conocerlas, colocando las piezas con exactitud en las casillas que indica la teoría”. En 4 o 5 años, acaso, lo veremos entre los 15 mejores del mundo. Hacer extrapolaciones es edificar columnas de humo. La pugna entre el GMs y la corona mundial pertenecen a otro universo de otra sustancia cruel y difícil. Faustino Oro asombra, causa alegría, admiración.

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