André Marín

Observa la nube blanca. Elige un punto específico y verás cómo se transforma y se deshace gradualmente hasta desaparecer. La naturaleza y el pensamiento evocan lo transitorio, fugaz e incierto de la vida. La caída de las hojas, el cese del tiempo de las personas que nos ...

Observa la nube blanca. Elige un punto específico y verás cómo se transforma y se deshace gradualmente hasta desaparecer. La naturaleza y el pensamiento evocan lo transitorio, fugaz e incierto de la vida. La caída de las hojas, el cese del tiempo de las personas que nos rodean familiares, amistades, seres lejanos. Séneca en sus cartas a Lucilio expresa una metáfora de la vida acerca de los cambios repentinos e imprevistos: “No te fíes de la tranquilidad presente; en un momento el mar se altera; el mismo día y en el mismo sitio donde jugaron los navíos son tragados por el vórtice”. Hace unos días, después de leer unas líneas de amistad y de aliento impregnadas de esperanza de David Faitelson, dedicadas a André Marín, su amigo y compañero, “casi un hermano”, comunicador deportivo de Excélsior y de los más importantes medios de la televisión y la radio, hablé con el editor de deportes Fernando Islas, para solicitar el WhatsApp de André. Mi propósito era enviarle un mensaje o hablarle vía telefónica para desearle salud y expresarle mi agradecimiento por una opinión más que amable que vertió, hace tiempo, acerca de mi persona. Lamento profundamente no haberlo hecho; y no lo hice, porque en las últimas dos semanas y media se me encendieron siete veces los focos rojos. Acaso porque hay otras fuerzas en el espíritu que sin formularse en el pensamiento conservan a la persona en presente inmutable. Nunca fuimos amigos, no cruzamos palabra y no tuve la oportunidad de saludarlo de mano. Cubrió ocho JO y C. Mundiales de futbol. Debimos coincidir en algunos. Para mí hubiese sido más fácil reconocerlo por su conocida imagen en la televisión. No hay palabras que mitiguen la tristeza ni el dolor ni evitar las lágrimas de su núcleo más cercano. André fue una persona privilegiada en el sentido de que antes de cumplir los 14 años descubrió su vocación y se entregó con ardiente pasión al ejercicio profesional. Independiente y solidario, perteneció a aquella generación que asistía al campo en busca de la noticia para divulgarla con rapidez y con un toque muy personal que lo distinguió. Muchas veces como Failtenson quien trabajó varios años en Excélsior, —cubrimos varios certámenes entre ellos los JP de Indianápolis 1987 y los JO de Seúl 88. Debo dar las gracias a David por una referencia reciente que hizo sobre mi ejercicio periodístico- André nadó y luchó contra la corriente, como lo hizo con enorme valor y determinación en los dos últimos años de su vida ante la indomable adversidad de lo inevitable. Con firmeza de carácter, con los rasgos del que ama la profesión, con la obsesión de ser el mejor y el más apegado a la interpretación de los acontecimientos con el principal compromiso y entrega personal, de formar conciencia en los lectores, televidentes y radioescuchas, esparció y defendió sus ideas. La mayoría de ellas inspiradas, como lo formuló e hizo blasón, en el pensamiento del periodista inglés Eric Arthur Blair, más conocido como George Orwell, que él era comunicador no para complacer audiencias si no “para decirle a la gente lo que no quiere oír”.

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