Alta clase de Iga

El fascinante universo del deporte se puede apreciar con diversos prismas. Cuando se presencia en fugaz recorrido histórico el esfuerzo de las grandes luminarias en la evolución en la prueba de los 200 m nado libre no deja uno de asombrarse de cuántos notables campeones ...

El fascinante universo del deporte se puede apreciar con diversos prismas. Cuando se presencia en fugaz recorrido histórico el esfuerzo de las grandes luminarias en la evolución en la prueba de los 200 m nado libre no deja uno de asombrarse de cuántos notables campeones contribuyeron en la progresión del récord mundial. Se eslabonan episodios admirables por romper los dos minutos —y sin duda se tomó como referencia a Johnny Weissmüller cuando en 1922, 19 de julio, rompió el minuto en los 100 m libres en 58.6. Recordemos: en los albores de la década de los 60, Donald Schollander emocionaba al arañar el mítico muro en una sucesión de hazañas que era seguida por una multitud al través de los medios. El 27 de julio de 1963, Schollander explotó los dos minutos en Los Ángeles, en una asombrosa carrera señaló 1.58.8. Durante un lustro le rebanó tiempo al tiempo al llevar el RM a 1.54.3 en el Trial Olímpico de Long Beach, el 30.08.1968. Otros héroes como Mark Spitz, Tim Shaw, Bruce Furniss redujeron la marca. Finalmente, el soviético Serguéi Kopliakov rompió la frontera del 1’50”0 al cronometrar 1.49.83 el 07-04-1979 en el match URSS-RDA, en Postdam. Nadar por debajo de 1’50”.00 significa el esfuerzo descomunal de recorrer ¡cuatro cincuentas continuos por debajo de 27”5! Acaso esta acción pudiese compararse a correr en atletismo los 100 m planos en menos de 10”. Por eso cuando el mexicano Jorge Iga señala un crono de 1’47”37 y sube al podio, en Chile, a recoger la medalla de plata, se debe hacer el reconocimiento a la alta calidad reflejo de constancia, superación y superior fuerza de voluntad en el entrenamiento. Contra toda la ignorancia, analfabetismo deportivo, estolidez, incompetencia y el criterio torcido y retorcido empapado en bosta de la Conade y la espuria Federación Mexicana de Natación, los seleccionados han hecho un espléndido papel. No olvidemos que el RM lo posee el alemán Paul Biedermann en 1.42” (-25.5 de promedio en cada estanque olímpico), con traje turbo que fue prohibido poco después del Mundial de Roma 2009. El aficionado debe ser prudente al observar en la clasificación general de medallas a México en segundo lugar, después de EU. Los J. Panamericanos distan de poseer el nivel de los 90. Unos por criterios deportivos, como EU y Canadá, y otros por situaciones económicas y políticas, como Cuba, que ocupara el quinto lugar del planeta con 14 oros, la mitad en boxeo, en los JO de Barcelona 92. Los entrenadores y técnicos mexicanos —cómo se extraña el conocimiento y la precisión del metodólogo Valentín Yáñez, de Cuba, en el trazo de las perspectivas— debieran hacer una reflexión: el crawl, de To crawl, arrastrar, reptar —Syd Cavill lo divulgó en Australia al observar cómo nadaban los nativos de las islas de los Mares del Sur—, es el buque insignia de los países poderosos en natación. Los resultados apuntan hacia un descuido en la enseñanza técnica y en la preparación de las pruebas de 400, 800 y 1,500 m, que en América es la base, la cual proyecta a los otros tres, braza, dorso y mariposa.

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