Khumbú, una ruleta rusa

Cuánta fascinación ejerce en la mente y en el espíritu humano saber que el punto más alto del planeta, la cumbre del Everest a 8,850 metros de altura sobre el nivel del mar, haya empezado a brotar hace unos 50 millones de años, según las investigaciones de los ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Cuánta fascinación ejerce en la mente y en el espíritu humano saber que el punto más alto del planeta, la cumbre del Everest a 8,850 metros de altura sobre el nivel del mar, haya empezado a brotar hace unos 50 millones de años, según las investigaciones de los geólogos, desde las profundidades del lecho marino de Tetis. Y el Everest sigue creciendo, como consecuencia del choque cataclísmico de la India contra Asia, se eleva año con año la cadena de montañas del Himalaya y la cordillera del Karakórum donde se localiza el desafío mortal del K-2. En ambas cordilleras hay 14 montañas con más de 8,000 m snm. La cadena impresiona por su arquitectura orográfica, la majestuosidad de los picos, pero hay otras que sin ser tan altas cautivan, como el Ama Dablán, “collar de la madre y de la perla”, de 6,812 m snm, en la región del Himalaya paquistaní, que parece una fantástica joya de cristal que centellea a la luz solar.

Las montañas representan un desafío. Como lo dijo George Mallory, allá por los albores de la década de los 20, poco antes de desaparecer junto con su compañero Irving, entre las nubes cercanas a la cima del Everest: “¿Por qué subir al Everest?, ¡Porque está ahí!”.

Los hombres responden al llamado de la montaña. Y acuden a ella a probarse. Hace muchos años se decía que el hombre iba a luchar contra la naturaleza. En la actualidad la idea es integrarse con la montaña. En el ceremonial se le solicita a ella permiso para subir. La escalada finaliza no cuando se cumbrea, sino cuando se regresa a las faldas de los imponentes macizos.

Mayo es uno de los meses propicios para escalar los ochomiles. El día 29 se cumplieron 63 años de la conquista del Everest por el neozelandés Hillary y el sherpa Tensing, y el 18, el 60 aniversario del ascenso al Lothse por los alemanes Ernst Reiss y Fritz Luchsinger.

En forma discreta, sin los reflectores de los medios de comunicación, el montañista David Liaño González, de 36 años, regresó tras el sexto ascenso a la cumbre del Everest. Hay dos montañas de superior grado de dificultad, el Kanchenjunga y el K-2, con estadísticas de mortandad escalofriante, suben diez y no regresan cuatro.

En el prisma de algunos comunicadores, en calidad de espectadores sentados ante su mesa de trabajo, desvalorizan, sin argumentos deportivos y menos de montañeros, los ascensos al Everest. ¿Por qué razón la sociedad mexicana no sabe apreciar el valor del deporte? Una de ellas es que nuestra sociedad, violenta, cobarde, corrupta, ignorante, ha sido orientada a la obtención de lo material como signo de éxito.

Ahora hay gente de éxito sin felicidad; sin la felicidad de los hijos, de la familia, de las amistades, de la lectura, la reflexión, la música. Aquel que dejó de servir vinos caros y comidas, y de hacer fiesta en su casa, se dio tardía cuenta de que no lo visitaban a él. Y de pronto, se quedó más solo que el rey Lear. Expresa Voltaire: “Los que creen que el dinero lo es todo, suelen hacer de todo por el dinero”. Y suelen olvidarse de las cosas más importantes que brinda la vida.

Los montañeros saben que la catarata del Khumbú en el Everest, enormes bloques de hielo, fulgentes en oro, verde, blanco, azul, se desploman de súbito ante la acción gravitatoria, de los vientos, del cambio de temperatura. Es una ruleta rusa.

David Liaño es un paradigma en el deporte nacional e internacional. Es admirable su perseverancia y valor.

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