Alí, icono del siglo XX
Mohamed Alí cumple 74 años de edad este domingo. Bañado en luz artificial y envuelto en el bordoneo metálico de las máquinas de escribir, sentado, ahí en la sala de prensa de los Panamericanos de Indianápolis, semeja un semidios homérico de ébano. Su figura funde ...
Mohamed Alí cumple 74 años de edad este domingo.
Bañado en luz artificial y envuelto en el bordoneo metálico de las máquinas de escribir, sentado, ahí en la sala de prensa de los Panamericanos de Indianápolis, semeja un semidios homérico de ébano. Su figura funde la arrogancia del pasado con la humildad del presente. Tantas veces golpea el marro en el yunque, que termina por romperse. La fiereza de aquel león salvaje que con sus zarpazos fulminara a George Foreman, en Kinshasa (30-10-1974), se había transformado en la nobleza del cordero. En sus ojos, silencio, profundidad. Irradiaba majestuosidad, algo de miel y del acíbar de la vida; su rostro, la gloria del vencedor con los residuos de ceniza del vencido. En el boxeo no existe el simbolismo como en la mayoría de las actividades deportivas; es cruel, violento, brutal, y la repercusión de los puñetazos trastorna y acompaña al pugilista a los límites de su existencia. Los más poderosos, en su alfa y omega, como las grandes estrellas del universo terminan por debilitarse y apagarse.
Como atleta, una eminencia. Algunos lo catalogan como el más grande boxeador de todos los tiempos. Elegante, genio en el arte de la defensa, su entrenador Bundini dijo: Flota como mariposa y aguijonea como abeja. Era un artista en desviar y amortiguar la dinamita de sus adversarios. Pocos boxeadores han sido tan hábiles y poderosos como Alí. Tal vez sólo superado por Sugar Ray Robinson.
Con miras a su pelea contra Foreman, permitió en los entrenamientos cientos de golpes en cabeza y cuerpo con el fin de soportar el dolor y elevar su resistencia física. Foreman que llegó a Kinshasa invicto con una impresionante cadena de 40 victorias, 37 KO, 30 de ellos en menos de 3 asaltos era el favorito. Se respiraba la derrota de Alí. Ocurrió lo inesperado. Alí dominó la estrategia de riesgo y el contraataque, noqueó en 8 asaltos. El célebre periodista Norman Mailer expresó que si Archie Moore representa en boxeo lo que Nimzovich en ajedrez, Alí era como Bobby Fischer.
Su carrera, en 59 peleas, 56 victorias, 37 por KO y sólo 3 derrotas, cruzó las fronteras del deporte y alcanzó otra dimensión política, de luchador social, rebelde, firme en sus convicciones. Acepta y rechaza con visión humanista, las desafortunadas decisiones bélicas de su país, en un clima hostil a los hombres y mujeres de raza negra. Se niega ir a la guerra de Vietnam. Como los grandes personajes de la historia, Mohamed Alí apareció justo en el centro de su tiempo, de una época. Estableció una gran amistad con el líder Malcolm X, compartió ideas sobre derechos humanos, pero la relación terminó cuando Cassius Marcellus Clay cambió de piel, adoptó el islam como religión y su nombre por Mohamed Alí.
Nació el 17 de enero de 1942 en Louisville, Kentucky, Estados Unidos. Su niñez y juventud coinciden, con el final de la Segunda Guerra, en la etapa de resurgimiento y florecimiento mundial, una vez que Europa y Japón, habían sido sumidos en dolor, sangre y escombros.
Símbolo y leyenda viviente del siglo XX —el fotógrafo Neil Leifer lo eternizó cuando Alí noqueó a Sonny Liston—, difícilmente alguien podrá compararse con sus hechos, desplantes, afilada locuacidad, anécdotas, ocurrencias, vaticinios, desafíos, en la belleza estética de sus movimientos en el cuadrilátero, como él lo gritaba: “Soy el más inteligente, el más guapo y el más grande boxeador de todos los tiempos”.
