Los 400 y 800 m son de otra naturaleza

Se repite y se acepta, con relativa frecuencia, que la piedra angular del deporte es: competir en igualdad de circunstancias. No obstante la expresión tan sencilla y diáfana, no se cumple tan fielmente como se cree. En natación, por ejemplo, aunque la distancia y el ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Se repite y se acepta, con relativa frecuencia, que la piedra angular del deporte es: competir en igualdad de circunstancias. No obstante la expresión tan sencilla y diáfana, no se cumple tan fielmente como se cree.

En natación, por ejemplo, aunque la distancia y el estilo sean igual para los competidores, la realidad es que, por unos instantes, en función a los carriles que se otorgan por jerarquía de cronometraje 4-5-3, 6-2-7, 1-8, hace que se dibuje en la superficie de la pileta una clara V, de tal manera que el oleaje, aun con los carriles de diseño antiturbulentos, produce resistencia atrás de aquel vértice. El rebote de la onda en las paredes afecta a los nadadores que transitan en los andariveles extremos.

Con la visión del científico, la manifestación de la física rompe en micromagnitudes, con la idea de la competencia en igualdad de circunstancias. Los acontecimientos, aunque semejantes, son relativamente diferentes.

Hace unos días al hablar acerca del desarrollo de una competencia atlética en parciales negativos acaso olvidamos señalar que esta forma de actuar, naturalmente no ocurre en todas las pruebas. En natación en la mayoría de las pruebas se podría nadar en parciales negativos, en el atletismo no.

Desarrollar parciales negativos significa dosificar la fuerza e incrementarla gradualmente de tal forma que la segunda mitad de la prueba sea más rápida que la primera. 

En términos generales, se requiere un esfuerzo muscular inteligente y controlado, sentido del ritmo, como si el atleta o el nadador llevase un cronómetro o un diapasón dentro de su cabeza; de la fuerza y de la distancia, madurez agonal, espléndida condición física y madurez fisiológica, incluso capacidad de resistencia o tolerancia al dolor.

Nos referimos al esfuerzo en la zona de élite. Algunos entrenadores de habla inglesa trasmiten con idea de desafío, de reto y motivación la frase: No pain, no gain. Algo así como: si no hay dolor, no hay triunfo. El enfoque es la dureza de la competencia, el terreno tan difícil que va a encontrar el atleta.

En las pruebas atléticas de 400 y 800 m —en relación con algunos criterios ingleses son pruebas de rapidez—, los parciales negativos se esfuman. La segunda mitad, con la brutal aceleración de los primeros metros, es más lenta que la primera.

Y en los 400 metros si se hiciera una disección de cuatro veces 100 m se comprobará que el último hectómetro es el más lento de todos. El atleta ya quemó en los primeros 300 m hasta el último átomo de energía y sus músculos registran niveles superiores de ácido láctico.

Ejemplos reales se tienen en los esfuerzos de notables campeones. Michael Johnson cuando señaló el RM en 43.18 señaló 21.22 y 21.96. Jarmila Kratochvilova al cruzar los 48 segundos marcó 23.10 y 24.89. Y la célebre Marita Koch al edificar el muro de los 47.60 cronometró 22.40 y 25.20. Más lentos en la segunda mitad.

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