Ra ra rá

El México de nuestros amores podrá ser abatido, pero jamás vencido. Grito desesperado que se ahoga en el pecho de tantos. Razón no les falta. En la tierra de los volcanes las cosas se complican, cuando el planeta entero pasa por sus momentos bajos. A pesar de eso, la ...

El México de nuestros amores podrá ser abatido, pero jamás vencido. Grito desesperado que se ahoga en el pecho de tantos. Razón no les falta. En la tierra de los volcanes las cosas se complican, cuando el planeta entero pasa por sus momentos bajos. A pesar de eso, la alineación de los astros es favorable. Se confirma otra más de las ideas de Albert Einstein y con los nuevos hallazgos de la astronomía: se abre un universo más ancho y profundo, lleno de posibilidades. Hay que ir a encontrarlas. 

La tarea es, de hacerla bien y bonito, uno por uno. Zapatero a sus zapatos. Y usted, que se encanta con la Fórmula 1, además del trabajo cotidiano: tiene este lecho de distracción, de divertimiento y de aprendizaje. Para repetirlo: se trata de un arte. El de la tecnología de la más alta gama. Por eso, hay que prestarle más atención de la que exige un juego banal.

Bien abiertos los ojos para mirar y los oídos para escuchar: los organizadores del Grand Prix de México han dado —en la semana previa— el pistoletazo de largada y poner en su punto la fiesta de la velocidad de 2016. Invitan a que vaya todo mundo al autódromo Hermanos Rodríguez el último fin de semana del mes de octubre del año. Pero eso no es todo.

Diferente es asistir a un ágape, a salir de él: con las manos llenas. Cada cual que tome sus providencias. Los comunicadores están conminados, desde siempre, a tender puentes entre la realidad y los lectores, para que sea más asequible. Que hagan llegar la mejor información, tan inteligible como se pueda: el público, se debe de entender muy bien con las carreras de autos más importantes de la historia. Es una relación íntima que va mucho más allá de ver pasar a los carritos “hechos la mocha”.

Saber que aparte de que corren sobre cuatro ruedas, ocurren una infinidad de variables que distingue a esta actividad del resto de las disciplinas deportivas. Las complicaciones técnicas de los vehículos es parte; los personajes que intervienen en levantar La Carpa y todos sus detalles, también.

Ya que un desafío a la naturaleza, subyace por debajo de las apariencias. Trascender o intentar romper las leyes de la física es uno de los misterios que hacen apasionante a la F1. “Dos cuerpos no pueden ocupar un mismo lugar simultáneamente”, por eso sólo uno de ellos debe de adelantarse al entrar a una curva y salir de ese doblez, manteniéndose por encima de sus rivales. En ello va el arriesgar, el exceder los límites; realizar lo que no puede acometer otro individuo y eso es distinguirse por algo valeroso.

Acelerar más que ninguno, frenar más tarde que el resto, maniobrar con mayor precisión. Repetir muchas veces a la perfección, lo que ya está bien hecho. Leer todo lo que está sucediendo a lo largo de los trazados y por el tiempo que dure la justa. Exprimir hasta la última gota del potencial de su cabalgadura y no perder ni por un instante la concentración, hasta ser el primero en traspasar la línea de meta.

Tarea que aguarda a los pilotos mayor dotados, que la gente normal. Titanes de la velocidad. Héroes de nuestro tiempo.  

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