Pemex

Por qué asustarse cuando PDVSA la petrolera venezolana ha realizado un desembolso millonario apoyando al piloto Pastor Maldonado. Sus relaciones industriales son necesarias o, incluso, los intereses comerciales del Oriente Medio lo justificarán. Cada GP que se realizó ...

Por qué asustarse cuando PDVSA —la petrolera venezolana— ha realizado un desembolso millonario apoyando al piloto Pastor Maldonado. Sus relaciones industriales son necesarias o, incluso, los intereses comerciales del Oriente Medio lo justificarán. Cada GP que se realizó con su emblema resultó una oportunidad para recibir o dar información clave. Si hay en medio corrupción o no, es harina de otro costal, ¿quién va a tener la cara dura para aventar la primera piedra?

Promociones que se hacen, aunque los negocios petroleros no necesiten publicidad. Como lo realiza CEPSA española, Petronas de Malasia, Total de Francia o Shell de Holanda; en apariencia sin ganar nada, pero siguen en ello. Como desde hace años se aplicaron Elf o Mobil. ¡Tontos no son!

Se patrocina a los pilotos con dinero a veces de orígenes cavernosos y nunca se pondrá en claro, si también se blanquea dinero o se hace ingeniería fiscal que tenga como fin brincar las trancas que ponen las autoridades de cada país. No basta con decir que con los fondos del pueblo no se juega. Es como para reír. Siempre, los capitales vienen de la gente. No hay ballenas o leopardos inversores ni clientes; no llegan marcianos y venusinos con talegas de oro y plata para gastar.

Toda empresa se enriquece nada más que de la sociedad y también las organizaciones políticas o religiosas y las filantrópicas, que se allegan fondos únicamente del género humano.

La economía es inmundicia en sí; nada tan manoseado, como los denarios que deambulan de los microorganismos a las bacterias, con la gracia de una corista sin ropa.

El tema del deporte pasa por la criba de la sensibilidad política o de eso que llaman ideología —falsa conciencia— porque se daña a la actividad deportiva y también a los principios que deberían regir lo social. Como naranjas y tranvías que no se mezclan.

Ridículos comentarios llegan por las redes sociales ligando al piloto venezolano y a Hugo Chávez. Igual de absurdo cuando se dice que el corredor era una causa bolivariana. Patrañas. El asunto de la velocidad es pisarle al acelerador y nada más.

Ni se diga de esta agua no beberé: no debe ser un secreto que nuestros corredores, los hermanos Rodríguez, fueron auspiciados por el presidente Adolfo López Mateos con relaciones y con su fuerza pecuniaria. Se deben recordar los tratos de la empresa del petróleo mexicana, Pemex, con sus patrocinios a favor del equipo Brabham; que era, a la sazón, propiedad de don Bernard Ecclestone. Corrían por entonces en los autos azul y blanco Nelson Piquet y Héctor Alonso Rebaque. Los felices tiempos del sindicalista Joaquín Hernández Galicia, llamado cariñosamente La Quina, así como de su fiel escudero Salvador Barragán Camacho. No se está hablando de blancas palomitas.

Mejor no jalarle la cola al tigre porque puede uno “salir espinao”. En donde el jabonero, quien no cae, resbala. La F1 es espectáculo, tecnología, afición y pasatiempo. A la moral hay que dejarla como el árbol que da moras. No más. 

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