La largada

Mucho que decir a lo largo de 2016 y nada mejor que dar inicio como le gustaba escucharlo a Alicia en el País de las Maravillas: “Empezando por el principio”. Cada piloto que desembarque desconocido para La Carpa; todo modelo de auto que se presente en sociedad; ...

Mucho que decir a lo largo de 2016 y nada mejor que dar inicio como le gustaba escucharlo a Alicia en el País de las Maravillas: “Empezando por el principio”. Cada piloto que desembarque desconocido para La Carpa; todo modelo de auto que se presente en sociedad; cualquier técnico que mude de equipo: serán cosa de ver y paladear.

Sin embargo, por encima del resto de noticias: lo más atractivo es, a no dudarlo, el retorno de Renault como escudería. Ese emblema del rombo en perspectiva y sus fondos amarillos, que tiene importancia y no porque haya empezado su saga apenas ayer. Se trata de un alarido universal Vive la France!, patria y capital de la cultura en occidente. Si no ha sido imperio universal, fue porque se le atragantó Waterloo a Napoleón.

El automovilismo francés es un símbolo persistente. No sólo por los vehículos que andan en las carreteras y por las calles del mundo, sino por los de competición. Como motoristas para la velocidad de altísima gama, son un paradigma.

Vengan a colación los hermanos Renault, quienes empiezan con los autos de carreras desde 1899, con las voiturettes. Louis, Fernand y Marcel picados por el mal de la victoria, con carros y sus motores de combustión interna, hechos por ellos. Triunfantes en las ciudades francesas y en otras más de Europa. Participaron, desde luego, en las justas carreteras, como aquellas tan famosas entre París y Madrid, o desde la Ciudad Luz a Viena. Por cierto, Marcel dejó la vida en una de éstas.

Desde 1906, se señala, fue cuando ganaron el primer Grand Prix conocido, gracias a Ferenc Szisz. Del Rally de Montecarlo se hicieron ya en 1925. Su historia es añeja y grande. El gran golpe tecnológico lo asestaron con el primer turbo aspirado, fue en 1973. Vinieron entonces diez años de tocar la gloria.

Su escuela de pilotaje fue alumbrada desde siempre por ese rombo como guía. La lista llega, por ahora, hasta Romain Grosjean, pero viene desde el pasado romántico que ha visto corretear a toda prisa a nombres muy ilustres: Maurice Trintignant, Henrí Pescarolo, Jean-Pierre Jabouille, René Arnoux, Patrick Tambay, Jean Pierre Beltoise, Didier Pironi, Patrick DepaillerFrançois Cevert y, por supuesto, su tetracampeón, Alain Prost, entre otros. Descendientes directos o indirectos de los hallazgos en cualquier categoría de las justas de autos en que se quiera pensar, hasta llegar a la Fórmula Renault de estos tiempos.

Para nadie es secreto, no obstante, que su pieza de ingeniería cumbre ha sido el motor V-10, campeón en siete ocasiones. Aunque es cierto también que el V-8, que usaron para Red Bull y Sebastian Vettel, no se puede despreciar; cuatro coronas al hilo hablan por sí solas. Ahora regresa como equipo, que también tiene un jugoso pasado. En su hoja de servicios se pueden ver las 289 largadas; 35 triunfos y 51 pole positions. Dos campeonatos mundiales con Fernando Alonso, en 2005 y 2006.

 Este año regresan en busca del tiempo perdido. Lo que es un enorme atractivo para la Fórmula 1 y para sus seguidores en sí.

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