Insensatez

El año de carreras cedió y continúa campante el tiempo en su devenir sin fin. Hay diferentes actitudes para encarar al futuro. Aguardar por malas noticias; dado que la vida de los seres humanos se va complicando; tal vez, por la especie de maldición gitana de Thomas ...

El año de carreras cedió y continúa campante el tiempo en su devenir sin fin. Hay diferentes actitudes para encarar al futuro. Aguardar por malas noticias; dado que la vida de los seres humanos se va complicando; tal vez, por la especie de maldición gitana de Thomas Malthus, se discurren las figuraciones más siniestras. Si se invoca a la maldad, no es raro que se apersone.

Otro aliento para ver lo escondido en el porvenir es con alegría. Con la esperanza de que es lo único que queda por experimentar. Buscar y encontrar el lado bueno. La fortuna es desconcertante y suele echar sus buenas puntadas. Un despertar con albricias al cándido que ha apostado a que lo que le va a llegar, será sin costo extra. Desde hace siglos se lo sabía: a caballo regalado no se le ve colmillo.

Todo está atrapado entre lo que fue y lo que será. No es novedad que el aficionado a los deportes, como a las carreras de autos, estará al pendiente de lo que traiga la campaña venidera. No se debe de jurar –en vano– que otra vez reinará Lewis Hamilton con su Mercedes AMG. Es posible, pero no probable, hasta ver que dispone Nico Rosberg, su compañero de box. Tal vez aparecerá, de nuevo, con su buena estrella el piloto alemán de Ferrari, Sebastian Vettel. Así que en la parte superior de la tabla de posiciones pueda tal vez no agregarse nada. Pero no 100% seguros.

Quizás el corredor mexicano Sergio Pérez dará la campanada —con un Force India más competente— que se espera desde hace cinco años. Otro tanto, pasará tal vez, con Daniel Ricciardo y su coequipero —Daniil Kvyat— de Red Bull, que cambiará hasta de apellido. Los Williams seguirán ascendiendo en calidad y cantidad de la mano de Valtteri Bottas; sin dejar en el olvido a Felipe Massa, quien a lo mejor terminará el año 2016 colgando su Nómex.   

La F1 se distingue porque no es tan simple como un eterno retorno con los marcadores en cero y ver más de lo mismo con números y personajes distintos. El acontecer no está en un programa en automático. Es como lo dicho por Heráclito en cuanto a los baños en el río. Ni el caudal ni el sujeto serán los mismos en dos ocasiones idénticas.

La categoría de carreras más alta está con un ánimo de transición bien claro. En 2016 se jugará por última campaña con motores turbo impulsados, más el apoyo de baterías recargables; un experimento híbrido, ya por fallecer. La reglamentación, asimismo, está ridículamente desfasada y se va a modificar. El tema de los negocios en El Circus deberá de dar un viraje; hay demasiadas inconformidades y un reparto de los ingresos desigual. El modo de llamar a los espectadores, por medio de la TV, sobre todo: dará el paso decisivo hacia la cibernética.

Llega Renault de cuerpo completo y Gene Haas con el soporte tecnológico de Ferrari. Toro Rosso regresa con las plantas de potencia de Ferrari, como preparando el futuro de Max Verstappen posiblemente junto a Vettel, en un año más.

Algo ocurrirá con Manor-Marussia. McLaren, asociada con Honda, no se chupará el dedo. Coches y pilotos mudarán de piel. Y usted verá una Carpa en ebullición. Delo por seguro.

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