Recomienzo
Es tiempo de desearle a usted dilecto lector: feliz y próspero ciclo venidero. Buenas salidas de 2015 y mejores entradas a lo que sigue. Porque la existencia continúa, aunque finja haciéndose la disimulada. La vida es inicio permanente. El único ser racional queda ...
Es tiempo de desearle a usted dilecto lector: feliz y próspero ciclo venidero. Buenas salidas de 2015 y mejores entradas a lo que sigue. Porque la existencia continúa, aunque finja haciéndose la disimulada.
La vida es inicio permanente. El único ser racional queda reducido a comenzar de nuevo; en cada cosa y en cada caso. Dicho, porque ha terminado el Campeonato Mundial de Fórmula 1 y los buenos aficionados, ya están en espera de otro inédito. Mejor y más bonito.
Sobre las carreras de autos más apasionantes y de mayor mundo: va todo de maravilla. Con un final de lujo en tierra abudaibita en donde ganó quien a la postre fue el subcampeón, Nico Rosberg. Él ha puesto fin a una campaña de menos a más. Cumplió. Pero sin ser magnífico. Lejos de verse como un corredor fenomenal. Y se lo comprenderá así, tomando en cuenta que anduvo montado en un misil y se conformó con lo que pudo. Nunca extrajo de él, ese extra que sólo poseen los grandes ases.
Que sí dejó patente Lewis Hamilton. Campeón de polendas. Su mérito —se lo ha repetido tanto— es que fue capaz de superar a sus fantasmas. Venció sobre sí. Con tardes en las que condujo cual los grandes maestros de siempre. Por eso, ya está en el nirvana de los nombres mayúsculos de este deporte.
Elogio que merece también Sebastian Vettel quien siempre aporta el gasto adicional. Lo que nada más viene en las chisteras de los corredores de época verdaderos. Algo que le falta –por ejemplo– al volante que lo acompaña en Ferrari, IceMan, y se llama Kimi Raikkonen. Con rigor hay que mencionar a Fernando Alonso, quien ha sido traicionado por el bajo rendimiento del coche híbrido inglés-japonés, McLaren-Honda, al que nunca se le encontró como cuadrarle el círculo. El patrón de Woking, Ron Dennis hizo el ridículo del año, sin atenuantes. Se rescata, no obstante: la profesionalidad y el ahínco del español así como el de su coéquipier, Jenson Button. Garbanza de a libra el chamaco Max Verstappen con su Toro Rosso, auto casi siempre por debajo de la categoría del manejo del holandés. En cambio, éste fue un año mediocre de los coches de Infiniti-Red Bull que dejaron todo pendiente por pagar. Echar la culpa a las unidades de potencia Renault, es infantil.
Las mejores noticias sí que las trajeron los señores de Force India. Y por eso, ha sido que destacó el piloto de Jalisco, Sergio Pérez quien ha firmado su mejor temporada desde que llegó a la Fórmula 1. Parece que por fin entró a la esperada etapa de maduración. Ojalá, no se convierta en agua de borraja. De paso, se dio el lujo de aplastar a Nico Hülkenberg con quien hizo el dueto, y eso, confirma el buen trabajo del mexicano; ya que el alemán era una de las grandes promesas, todavía hace un par de años.
Hubo carreras espectaculares y fiestas de la velocidad sorprendentes. México fue sede y testigo de un Grand Prix de antología. La gente quedó agradecida y contenta. Los visitantes llegados de fuera y los protagonistas de La Carpa: reconocieron al unísono, que la emoción y las buenas maneras, estuvieron muy por arriba de las expectativas. Enhorabuena.
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