Magia pura

Hay zonas en el mundo por convertirse en un polvorín. Y aunque el deporte pertenezca a tierra de la ingenuidad: está allí el convite para que cada quien tome su posición. Y bueno, que así sea. Inclusive, aceptando que las actividades lúdicas son la válvula de escape ...

Hay zonas en el mundo por convertirse en un polvorín. Y aunque el deporte pertenezca a tierra de la ingenuidad: está allí el convite para que cada quien tome su posición. Y bueno, que así sea.

Inclusive, aceptando que las actividades lúdicas son la válvula de escape a las tensiones que provoca la conflictiva realidad.

Sano es ponerse a distancia, lejos de los líderes religiosos y dejarlos que se ocupen del tema de lo celestial y de su convivencia con lo mundano. Otro tanto, a los políticos, quienes tienen como principal objetivo el uso y abuso del poder. A unos y a otros les da por exhortar al odio. Mas nadie tiene por qué subyugarse al mandato que obligue a detestar a algunos y amar a otros. Es propio de la soberanía individual llevarla bien con el mundo y con sus peripecias. Vivir en paz.

Viene a cuento, porque el domingo que sigue, se jugará la última fecha del campeonato mundial de F1 en Abu Dhabi. La pregunta obligada es por qué esa nación ha sido elegida como anfitriona distinguida de las carreras más exigentes; y un poco también cabe preguntarlo por Baréin. La respuesta no espera: es por el petróleo.

Las explicaciones son como en los cuentos ancestrales del medio oriente. Magia pura. Sin soslayar que a mediados del siglo XX eran tierras de nómadas que criaban camellos. La civilización con su maravillosa —y fatal—  tecnología llegó por allí, hace menos de cien años y ahora, son grandes emporios de los negocios.

Sociedades recién formadas y neófitas, que han sido capaces de reemplazar a las grandes sedes anteriores de las carreras —las clásicas— como Francia, Holanda, Portugal o Argentina.

El milagro se debe al desarrollo industrial después de la Segunda Guerra Mundial. Hubo una grave transformación. La cosa se volvió desmesurada, en especial por el número de seres humanos. Y, también, por sus medios de transportación, ¡cómo no!

Por la industria de los autos, acompañada de las fábricas aberrantes con sus actividades para producir componentes; pero en especial, por quienes se interesaron en los carburantes y con qué lubrificar tantos coches han sido los detonadores para que floreciera esa región donde están los Emiratos. Un sueño.

Pero las fantasías nocturnas tienen su final implacable: los momentos ya una vez que se acuerda. Cuando se vuelven a poner los pies en la tierra.

Hace poco más de un año, el barril de petróleo se vendía por encima de los 100 dólares.

Todo marchaba perfecto. Pero si, como lo piensan algunas mentes febriles, en el año 2016 ya va a comprarse cerca de los 20 dólares, ¿qué va a ser de los espectáculos y los gastos colosales que se hacen también en Qatar, en Dubái o en Arabia Saudita? ¿Seguirán empeñados en celebrar las carreras de autos y todas las magnificencias de esta era?, ¿o cambiarán su sintonía?

No hay por qué desear mal a nadie, pero tal vez las recientes costumbres tengan que mudar dentro de muy poco. A remojar las barbas todo el mundo.       

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