El secreto de la altitud y el balón que preocupa a Inglaterra contra México
Descubre por qué la altitud de México arruinará el juego aéreo y los tiros libres de la selección de Inglaterra.

El partido de octavos de final de la Copa del Mundo del 2026 entre Inglaterra y México ha generado diversos comentarios por la altitud que enfrentarán los jugadores de la selección de los tres leones, pero también por el efecto físico que tendrán que afrontar en cuanto al comportamiento del balón, el cual es casi desconocido para ellos porque, a pesar de la tecnología, los balones deben comportarse con respecto a ciertas leyes de la física.
Jugar al fútbol en la Ciudad de México implica enfrentarse a un rival invisible pero sumamente poderoso: la física de la atmósfera. Situada a una altitud promedio de 2,240 metros sobre el nivel del mar, la capital mexicana altera drásticamente el comportamiento del balón en comparación con ciudades a nivel del mar y, es que, la altitud genera un comportamiento diferente no solo en el cuerpo.
La razón científica principal detrás de este fenómeno es la presión atmosférica. A mayor altitud, la cantidad de moléculas de aire en la atmósfera disminuye, lo que se traduce en un aire más "delgado" o menos denso. Tomando como referencia los datos de la ciencia aplicada al deporte, a una altura de aproximadamente 1,350 metros el aire ya es un 15.6% más ligero que a nivel del mar; en la Ciudad de México, al estar casi mil metros más arriba, esta densidad es todavía menor.
Menos resistencia, trayectorias más rectas
El comportamiento de un balón en el aire depende de dos fuerzas: la sustentación y el arrastre aerodinámico (resistencia). Al haber menos moléculas de aire que frenen el esférico, el arrastre se reduce drásticamente.
Esta no es la primera vez que el fenómeno es estudiado. Por ejemplo, Adidas realizó un estudio en el Mundial de Sudáfrica 2010 en donde encontraron que a mayor altitud provoca que un despeje de meta o un pase largo viaje mucho más lejos; por ejemplo, un balón que recorre unos 55 metros a nivel del mar puede alcanzar fácilmente los 57.6 metros en la altitud de una sede elevada, parece poco, pero esto cambia la dinámica del juego.
Además, esto afecta de forma directa la capacidad de los futbolistas para darle efecto a la pelota. El fenómeno de comba se rige por una ecuación física donde la densidad del aire es directamente proporcional a la fuerza que desvía el balón. Al ser el aire tan delgado en la Ciudad de México, el radio de curvatura se vuelve más grande. En términos sencillos: el balón se dobla menos y viaja en una trayectoria mucho más recta, lo que frustra a los cobradores de tiros libres que buscan teledirigir la pelota por encima de la barrera.

Un dolor de cabeza para los porteros
Para los guardametas, la altitud de la Ciudad de México se convierte en una auténtica pesadilla. Al no encontrar resistencia en su camino, los tiros potentes viajan con una velocidad descomunal. Los datos científicos demuestran que la altitud puede incrementar la velocidad del balón hasta en un 5%. Un tiro libre cobrado desde unos 18 metros que a nivel del mar promedia los 120 km/h, en una zona de alta elevación llega a la línea de gol registrando 126 km/h.
Ese 5% de velocidad extra, combinado con un balón que no frena ni gira de la forma en que los futbolistas están acostumbrados, reduce el tiempo de reacción de los porteros y cambia por completo la dinámica del juego aéreo.
Así, que los ingleses no solo tendrán el reto físico, sino también el reto de entender rápidamente el comportamiento del balón.