Cuesta comprender la interpretación derrotista que aparece en varios de los análisis publicados. Como si el gobierno mexicano hubiera sucumbido inesperadamente en la renegociación del Tratado Comercial con Estados Unidos y Canadá.
¿Existe hoy un país con mejores acuerdos comerciales con los estadunidenses? ¿No se sabía que la esencia económica del “resurgimiento” de la América de Trump consiste en proteger y controlar sus mercados?
De ahí la sorpresa ante quienes recibieron la noticia de que Estados Unidos no renovará el Tratado por otros 16 años, aunque seguiría vigente hasta 2036, como un partido de futbol de eliminación directa.
Asombra, también, la manera en que algunos analistas recurren al concepto de incertidumbre para explicar lo que viene; como si el mundo no viviera instalado en ésta desde enero de 2025.
Me quedo, mejor, con la conclusión de Washington: “Continuaremos dialogando con México y Canadá para abordar las diferencias”. Y con la del secretario Marcelo Ebrard: “Nos vamos a ir por el carril de la revisión anual por los próximos 10 años”.
Y con la reacción del mercado cambiario, que en 72 horas no se había alterado ni en un centavo. Y con lo que me dice el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, José Medina Mora: “El Tratado sigue y nos da certidumbre, al menos por 10 años, además de que seguimos en revisión”.
Esto no significa que desaparezcan los riesgos ni que la revisión haya sido la ideal. Pero me quedo con la idea de que se obtuvo lo que era posible obtener. Y que, en esta intemperie, lo conseguido fue una hazaña de los negociadores mexicanos.
