¿No logras embarazarte? El efecto silencioso del estrés que podría estar influyendo
El estrés elevado puede alterar hormonas clave como el cortisol y afectar la ovulación y la calidad del semen, según investigaciones recientes.

Cuando una pareja busca embarazo y este no llega, es común escuchar la frase: “relájate y verás que sucede”. Aunque puede sonar simplista, la relación entre estrés y fertilidad sí ha sido estudiada por la ciencia. Sin embargo, la respuesta no es tan directa como muchas veces se plantea.
El estrés forma parte de la vida diaria y, en niveles moderados, es una respuesta natural del organismo. El problema aparece cuando se vuelve crónico, intenso y sostenido en el tiempo, ya que puede afectar distintos sistemas del cuerpo, incluido el reproductivo.
La evidencia actual indica que el estrés elevado no es, por sí solo, una causa directa de infertilidad, pero sí puede influir en procesos clave como la ovulación, la regulación hormonal y la calidad del semen.

Estrés y hormonas: el vínculo entre el cortisol y la fertilidad
El cuerpo humano responde al estrés activando una red hormonal conocida como eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HPA). Este sistema regula la liberación de cortisol, conocida como la “hormona del estrés”. Su función es ayudarnos a reaccionar ante situaciones de peligro o presión.
Cuando el estrés es ocasional, el cortisol cumple su papel y luego vuelve a niveles normales. Sin embargo, cuando la activación es constante —como ocurre con el estrés crónico— puede interferir con otros sistemas hormonales, incluido el que regula la reproducción.
Un análisis publicado en Frontiers in Endocrinology revisó la relación entre cortisol e infertilidad y concluyó que el cortisol está implicado en respuestas hormonales relacionadas con la reproducción, aunque los mecanismos exactos aún no se comprenden por completo.
El estudio señala que los niveles elevados y persistentes de cortisol pueden alterar las señales que regulan la ovulación y la función reproductiva.
Si el cuerpo percibe que está bajo una amenaza constante, puede priorizar funciones de supervivencia por encima de la reproducción.
Ciclo menstrual y ovulación: cómo el estrés crónico puede influir
Para que ocurra un embarazo, es fundamental que la mujer ovule de forma regular. El estrés crónico puede alterar esa regularidad al afectar las hormonas que coordinan el ciclo menstrual.
El Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano (NICHD), perteneciente a los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), informó que niveles elevados de estrés pueden asociarse con menor probabilidad de ovulación y embarazo en algunos grupos de mujeres.
Además, observaron que el estrés puede relacionarse con cambios en hormonas reproductivas vinculadas al proceso ovulatorio.
Esto no significa que el estrés siempre impida la ovulación, pero sí que puede contribuir a ciclos irregulares o a la ausencia ocasional de ovulación (anovulación). Cuando el ciclo se vuelve impredecible, identificar la ventana fértil resulta más complicado.
Aun así, los expertos subrayan que la evidencia científica no es concluyente en todos los casos y que la fertilidad depende de múltiples factores, no únicamente del estado emocional.

En hombres también cuenta
Aunque durante años la conversación sobre fertilidad se centró principalmente en las mujeres, hoy se reconoce que el factor masculino está presente en aproximadamente la mitad de los casos de dificultad para concebir.
Investigaciones recientes han observado asociaciones entre niveles elevados de estrés y cambios en algunos parámetros del semen, como la concentración y la movilidad de los espermatozoides. Estos parámetros son fundamentales, ya que influyen directamente en la capacidad de fecundar el óvulo.
Además, el estrés sostenido puede afectar la libido, el deseo sexual y la frecuencia de las relaciones, lo que reduce las oportunidades de concepción durante los días fértiles.
En este contexto, el impacto del estrés no se limita a lo hormonal, sino que también incluye factores conductuales y de estilo de vida que pueden influir indirectamente en la probabilidad de embarazo.
Estrés y reproducción asistida
Los tratamientos de reproducción asistida, como la fertilización in vitro (FIV), suelen ir acompañados de altos niveles de ansiedad debido a la incertidumbre, los costos y las expectativas.
Aunque muchas parejas temen que el estrés “arruine” el tratamiento, la evidencia científica es más matizada. La revisión de Frontiers in Endocrinology indica que los estudios sobre estrés y éxito en reproducción asistida muestran resultados mixtos:
Algunos encuentran asociaciones entre ansiedad elevada y menores tasas de éxito, mientras que otros no hallan diferencias significativas.
Esto sugiere que el estrés puede formar parte del contexto emocional y fisiológico del proceso, pero no es el único ni necesariamente el principal determinante del resultado.
En otras palabras, reducir el estrés puede mejorar el bienestar general, pero no existe evidencia sólida que demuestre que “relajarse” garantice un embarazo.

Señales de alerta y qué considerar si buscas embarazo
El estrés no suele ser la causa única de infertilidad, pero puede interactuar con otras condiciones médicas como:
- Síndrome de ovario poliquístico
- Trastornos tiroideos
- Alteraciones hormonales
- Problemas en la calidad del semen
Mayo Clinic recomienda buscar evaluación médica si:
- Han pasado 12 meses intentando concebir sin éxito (o seis meses si la mujer tiene 35 años o más).
- Existen ciclos menstruales muy irregulares o ausencia de menstruación.
- Hay antecedentes de enfermedades hormonales o cirugías reproductivas.
Una evaluación integral permite identificar causas médicas específicas y determinar el tratamiento adecuado.
El estrés elevado y prolongado puede influir en la fertilidad al alterar el equilibrio hormonal, modificar la ovulación y afectar ciertos parámetros del semen. Sin embargo, la evidencia científica actual indica que no es una causa directa ni única de infertilidad.
Se trata de un factor que puede interactuar con condiciones médicas preexistentes y con aspectos conductuales que influyen en la reproducción.
Comprender esta relación desde una perspectiva integral permite evitar simplificaciones y orientar la búsqueda de embarazo con información médica adecuada y acompañamiento profesional cuando sea necesario.
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