¿Y los migrantes?
• Parece más una estrategia a modo para ese big brother que nos observa amenazante desde Washington. Por ello no han faltado organizaciones de derechos humanos que subrayan la violación de garantías de los centroamericanos que, con seguridad, buscarán otra vía para transportarse, poniendo su seguridad en riesgo• Hoy sabemos que líneas de autobuses han acatado la orden de pedir documentos de identificación a todo aquel que compre y aborde viajes nacionales, como medida para detener el avance de migrantes por nuestro país con dirección a la frontera norte
“Se van a respetar los derechos humanos y la libertad de movimiento y el respeto a la migración. Va a haber respeto pleno a la dignidad de los migrantes...”, afirmó Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos, Migración y Población de Segob, en enero pasado. Era la línea que desde Palacio Nacional dictó Andrés Manuel López Obrador. Esta declaración se hizo al tiempo en que una nueva caravana de ciudadanos centroamericanos cruzaba nuestra frontera sur y ya con el antecedente del “portazo” que un primer grupo dio en uno de los puentes que conectan nuestro país con Guatemala. Eran también los días en que nuestro país abrazaba su cualidad de fraternidad y aseguraba que dos cosas no sucederían: militares en la frontera sur y crisis en la del norte.
Sin embargo, seis meses después nuestra realidad es otra. Seis mil elementos de la Guardia Nacional serán desplegados, ya los primeros han llegado a 23 municipios de Chiapas, Tabasco, Campeche y Quintana Roo. Estrategia obligada en una coyuntura que amenazaba con aranceles a las exportaciones mexicanas a EU. A esto, se le suma lo que parece también contradecir a lo que establece el artículo 11 de la Constitución, que apunta que toda persona tiene derecho de entrar en la República y viajar por su territorio sin necesidad de cartas de seguridad o requisitos semejantes. Pero hoy sabemos que líneas de autobuses han acatado la orden de pedir documentos de identificación a todo aquel que compre y aborde viajes nacionales, como medida para detener el avance de migrantes por nuestro país con dirección a la frontera norte.
¿Qué sentido tiene esto si, como lo apuntó Alejandro Hope: “menos migrantes en autobuses equivale a más migrantes en cajas de tráilers...”. Apenas, el fin de semana cerca de 800 fueron rescatados, eran transportados en cuatro vehículos de carga. Este el último hallazgo de esa magnitud. En días previos, fueron encontrados otros 160 centroamericanos en las mismas condiciones. En mayo, 150 en Veracruz.
En abril, un tráiler volcó con 74 migrantes dentro de su extensión de carga. Y estos acontecimientos no han impedido que se opte por el viaje en hacinamiento. La restricción de viaje, solicitarles identificaciones menos lo hará. Tampoco les dará más control sobre el flujo migratorio. Parece más una estrategia a modo para ese big brother que nos observa amenazante desde Washington. Por ello no han faltado organizaciones de derechos humanos que subrayan la violación de garantías de los centroamericanos que, con seguridad, buscarán otra vía para transportarse, poniendo su seguridad en riesgo.
Y a estas contradicciones habrá que sumarle otra declaración más de la Cuarta Transformación: los agentes federales desplegados en la frontera sur denuncian que no cuentan con lo mínimo indispensable para realizar su trabajo, ni acondicionamiento de cuarteles ni armas ni baños ni comida durante sus largas jornadas. “Eran fifís y quieren seguir como fifís (...) Este tipo de policías estaban acostumbrados a estar en el Holiday Inn y comer bufet...”, fue la respuesta de Francisco Garduño, el recién llegado comisionado de Migración. ¿En verdad esta es nuestra política migrante?
