Ayer por la tarde volvió a arder Dos Bocas. La bodega de coque, columna de humo negro visible desde kilómetros, vecinos de Paraíso alejándose de sus casas, Pemex publicando un tuit. Controlado y sin lesionados, dicen. Lo mismo dijeron el 17 de marzo, cuando otro incendio dejó cinco muertos y una mancha de hidrocarburos en el río Seco que mató peces, jaibas, cosechas completas de ostión. Lo mismo indicaron en enero, cuando hubo un conato de incendio y luego un paro por variación de presión en la planta catalítica. Lo mismo en julio de 2025, cuando una falla eléctrica tumbó operaciones. El martes de esta semana, Pemex aseguró que el vapor que los vecinos reportaban era sólo “de agua”. Dos días después, otro incendio. El simulacro que hicieron el miércoles como medida preventiva duró 24 horas.
Dos Bocas es la obra más cara que México ha construido en su historia reciente y la que tiene más inauguraciones por kilómetro cuadrado. López Obrador la abrió en julio de 2022 sin que estuviera terminada. La volvió a inaugurar. Prometió que operaría al 100% en agosto de 2024. No ocurrió. Al cierre de 2025, procesaba apenas 40% de su capacidad. En enero pasado, la producción cayó 11%, porque los accidentes e incidentes acumulados obligaron a paros operativos. Hoy, con dos incendios en menos de un mes, nadie sabe cuánto tardará en recuperar siquiera ese 40 por ciento.
El costo original del proyecto era de ocho mil mdd. Una cifra ya de por sí discutible, porque el proyecto arrancó sin análisis costo-beneficio, sin manifestación de impacto ambiental aprobada, sin que las empresas constructoras más experimentadas del mundo quisieran participar. El propio López Obrador reconoció un sobrecosto de entre tres y cuatro mil millones adicionales. Bloomberg calculó en su momento entre 16 y 18 mil millones el costo real. El último reporte de Pemex ante la Bolsa de Valores de EU lo pone en 21 mil mdd. Un sobrecosto de 162% sobre la promesa original, financiado en su totalidad con recursos públicos.
Para que la cifra no se quede abstracta: con 20 mil mdd se construyen 20 hospitales de tercer nivel completos, o se dota de agua potable a toda la población rural de México, o se financia durante una década el sistema nacional de becas universitarias. En cambio, tenemos una refinería que opera a menos de la mitad de su capacidad, ha dejado muertos, contamina un río, obliga a discutir la reubicación de escuelas cuyos niños reportan mareos, náuseas y desmayos por los gases y el polvo de coque, y que esta tarde volvió a prender.
El escándalo no es sólo operativo, sino también político. Dos Bocas fue asignada mediante un esquema contractual a PTI Infraestructura de Desarrollo, una filial de Pemex que no tiene las mismas obligaciones de transparencia que el corporativo ni sus subsidiarias normales. Por eso nunca se supo con precisión cuánto costaba, quién ganaba los contratos ni bajo qué criterios. Rocío Nahle, secretaria de Energía de López Obrador y responsable directa del proyecto, se fue al gobierno de Veracruz sin que rindiera cuentas por los sobrecostos, los retrasos ni los contratos adjudicados a empresas sin experiencia. La FGR investiga el incendio de marzo. Que nadie espere mucho de esa investigación.
La pregunta que el país se niega a hacerse en voz alta es si Dos Bocas tiene sentido seguir operando. El mundo está en transición energética. Las refinerías son activos que en los próximos 20 años van a valer menos. México construyó la más cara de su historia en el peor momento histórico posible para hacerlo, en una zona de alto riesgo ambiental, sin estudios técnicos serios que la justificaran, por razones que tenían más que ver con la narrativa de soberanía energética de un presidente que con cualquier cálculo de rentabilidad. Analistas coinciden en que los flujos que genera serán insuficientes para recuperar el capital invertido.
Lo que tendría que pasar es lo que ningún gobierno en México está dispuesto a hacer: una auditoría técnica y financiera independiente, con resultados públicos, que diga cuánto costó, qué y cuánto produce de verdad, qué necesita para funcionar y si ese costo tiene justificación económica racional. Y a partir de ahí, decidir si se sigue invirtiendo o no. En cambio lo que tenemos es a Pemex publicando posts. Controlado. Sin lesionados. Por ahora.
