Razones para migrar

Otra explosión, una más en una isla que, de por sí, vive el estallido en sus varias formas. Al menos 62 muertos, 48 heridos y unas 50 casas presas del fuego fue el saldo de una explosión provocada por un camión cisterna que transportaba gasolina. Sucedió en la ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Otra explosión, una más en una isla que, de por sí, vive el estallido en sus varias formas. Al menos 62 muertos, 48 heridos y unas 50 casas presas del fuego fue el saldo de una explosión provocada por un camión cisterna que transportaba gasolina. Sucedió en la madrugada de este martes en la segunda ciudad más grande de Haití, autoridades afirman que al menos un centenar de personas intentaban llevarse el combustible que se derramaba del vehículo cuando estalló el camión. Sí, similar a lo que sucedió en Tlahuelilpan, Hidalgo, hace casi dos años. En Haití la población también buscaba hacerse de un poco de combustible ante el control que tienen las pandillas de Puerto Príncipe.

El año está por terminar y en ese país caribeño, considerado el más pobre de todo el continente, se vivió otra vez entre golpe tras golpe: por inseguridad, corrupción, el manejo de la pandemia y falta de vacunas, un sismo o protestas, cuyo punto álgido fue el asesinato de su presidente quien, reportó The New York Times hace unos días, aparentemente fue ejecutado por su intención de enviar a EU una lista de personajes vinculados al narcotráfico. Además, el paso de la naturaleza, que cada año es poco misericordiosa con esta zona del Caribe. Haití vivió un 2021 lleno de tragedias.

Y es Haití un país en donde seis de cada diez ciudadanos está por debajo del umbral de pobreza, según el Banco Mundial, ¿qué futuro puede ofrecer?, se preguntarán todos aquellos que prefieren dejarlo todo y arriesgar su vida por buscar un mejor porvenir.

Bajo estas condiciones, nadie puede hablar de migración voluntaria y éste deberá ser el punto de partida para entender y atender a quienes son capaces de emprender un largo camino para alcanzar un sueño, que es también el sueño de tantos millones: “De Chile hasta México, cruzamos nueve países para llegar a México, pero tengo familia en Orlando que me están esperando a mí…”, le contó Orud, migrante haitiano, a mi compañera Yolanda Morales, corresponsal de Grupo Imagen en la frontera norte. Y en el mismo punto en que él, Orud, buscaba su oportunidad para cruzar a Estados Unidos, otro ciudadano, éste de Venezuela, acompañado de su hija menor: “Llegar hasta acá, dejar todo lo que se tenía, en mi país vivir de una manera digna es imposible, estuve a punto de perder la vida a raíz de que salí de mi país, no he tenido buenas oportunidades y los mismos problemas de mi país me han afectado...”.

Repito: bajo estas condiciones nadie puede hablar de migración voluntaria y éste debería ser el punto de partida para entender y atender a quienes ponen su vida en riesgo. En el contexto de la celebración del 12 de diciembre, migrantes llegaron a la Casa del Peregrino, un refugio cercano a la Basílica que no le niega la pernocta a nadie mientras esté en sus posibilidades, pero a su llegada a la Ciudad de México se enfrentaron con policías de la capital, el gobierno argumentó que, más que una provocación, fue una estrategia para darle orden a su ingreso. Días antes vimos lo que ocurrió en una carretera que llega a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, donde murieron 56 migrantes centroamericanos, todos con una historia detrás. Una de ellas, la de Giovanni, la recuperó la agencia AFP: su madre se llama Teresa y cuenta que era la segunda vez que el joven intentaba llegar a EU, quería reunir dinero para construir una casa y pagar los 20 mil dólares que debía en su primer intento de cruce; pero el destino lo alcanzó. El cuerpo de Giovanni quedó debajo del resto de los migrantes hacinados que viajaban en el tráiler accidentado. Doña Teresa contó que el último beso que recibió de su hijo se lo dio un día antes, cuando dejó su casita de barro en un municipio indígena en Guatemala. Giovanni tenía 18 años y era el sustento de su familia.

No son nada más historias de migración, sino de personas, de carne y hueso, cuyo único propósito es el de mejorar su vida, ¿qué hace falta para que los gobiernos entiendan esto y los incluyan humanamente en sus políticas, más allá del discurso?

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