Había una vez un país donde el presidente pedía al pueblo que se apretara el cinturón, que la austeridad republicana era un valor supremo, que los fifís y sus excesos eran el símbolo de todo lo que estaba mal en México. Ese país existe todavía. Sólo que ahora también tiene una quinceañera con Belinda, J Balvin, Xavi, Matute, Galilea Montijo, una bolsa Birkin de Hermès de regalo, un Seven Eleven de utilería, un stand de Sephora, un pastel con forma de Estatua de la Libertad y una fiesta que la gente calcula en 45 millones de pesos. Todo en Villahermosa, Tabasco. Todo al amparo de Pemex. Bienvenidos a la “fiesta del siglo”. O la fiesta del “¿con qué dinero?”.
El padre de la festejada, el empresario Juan Carlos Guerrero Rojas, no sólo forma parte de la cartera de contratistas de Pemex, sino que también mantiene relaciones con políticos tabasqueños y en su momento fue vinculado con el fraude conocido como La Estafa Maestra. Buena presentación para el padre del año. Guerrero Rojas es propietario de Petroservicios Integrales México, empresa dedicada a la prestación de servicios para la industria petrolera, en la que también participa como socio el exalcalde de Comalcalco, Héctor Peralta Grappin. La firma obtuvo contratos con Pemex por 104 millones de dólares en 2023 en un solo año. En una empresa cuyo socio es un exfuncionario público. De Comalcalco, Tabasco. Del mismo municipio del que es originario el actual gobernador Javier May. Del estado que fue semillero, laboratorio y cuna del movimiento que prometió acabar con la corrupción y los privilegios. La ironía no está pidiendo permiso para entrar. Está llegando en alfombra roja.
El socio de Guerrero Rojas, el exdiputado Héctor Peralta Grappin, ha recibido más de 3,500 millones de pesos en contratos con Pemex a través de Petroservicios Integrales México. Para dimensionarlo: eso no es una fortuna empresarial construida en décadas de riesgo, innovación y competencia en el mercado abierto. Eso es una fortuna construida en la ventanilla de una empresa pública en quiebra técnica, cuya deuda supera los 100 mil mdd y que lleva años sin pagarles a sus proveedores. Ah, sí. Ese detalle. Petroservicios se sumó a un posicionamiento público firmado por subcontratistas que brindan servicios a Pemex. La misma empresa que financió la fiesta del siglo firmó una carta quejándose de que Pemex no le paga a los de abajo. El dinero fluye hacia arriba con champán; hacia abajo, con promesas.
Los contratos con la empresa petrolera vienen desde el sexenio pasado, cuando Pemex era dirigida por otro tabasqueño, Octavio Romero Oropeza, actual director del Infonavit. Todo tabasqueño, todo en familia, todo en orden. La austeridad republicana es un concepto que viaja bien en el discurso, pero se queda en el aeropuerto cuando llega la hora de los XV años. Y mientras Belinda volaba desde España para cantarle las mañanitas en inglés a Mafer, mientras Galilea Montijo ejercía sus funciones de maestra de ceremonias, mientras J Balvin ponía a bailar a los invitados y alguien instalaba un stand de Hermès para que la niña abriera su Birkin de más de 600 mil pesos, en algún lugar varios proveedores pequeños de Pemex seguían esperando que les liquidaran varias facturas vencidas de hace meses —o años. Qué sorpresa que en el estado emblema de la 4T, la tierra del hombre que dijo venir a acabar con la corrupción de los de arriba, florezcan nuevas fortunas así. Qué sorpresa que el poder huela igual sin importar quién lo ejerza: a contratos sin licitación, a socios con credencial de partido, a negocios que crecen en la oscuridad y festejan a la luz del día. De unos años para acá, hay un buen puñado de personas para las que, sí, Tabasco es un edén.
