Coordinador estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional. Así se llama el cargo. Nadie lo pronuncia completo y para eso se inventó: lo que designa es una candidatura a gobernador, pero llamarla por su nombre costaría una sanción por actos anticipados de campaña. Morena resolvió el problema legal con una perífrasis. Lo que no ha resuelto es cómo repartir 17 gubernaturas entre 277 registrados sin que se note el reparto.
Van siete. Nora Ruvalcaba en Aguascalientes, Pablo Gutiérrez Lazarus en Campeche, Rosa Bayardo en Colima, Santiago Nieto en Querétaro, Imelda Castro en Sinaloa, y el lunes Beatriz Mojica en Guerrero y Carlos Torres Piña en Michoacán. Faltan diez. Casi todos los que faltan son los que traen pleito, y eso no es descuido: la dirigencia dejó para el final lo que no sabe cómo resolver. Concedo una cosa antes de seguir. El método de Morena no es peor que el de nadie. El PAN y el PRI deciden en cuartos igual de cerrados y ni siquiera se molestan en levantar una encuesta. La diferencia es que Morena pasó 20 años haciendo campaña contra el dedazo y ahora está obligada a demostrar que lo suyo es otra cosa.
Por eso pesa tanto lo que cambió este año. En 2023, con Mario Delgado, los números se publicaban. Ahora Ariadna Montiel y Citlalli Hernández los reservan; se los muestran a los aspirantes que perdieron, no a la prensa. Y encima, Montiel avisó en la plenaria de diputados que ganar una encuesta no basta, que no van a permitir a nadie con “vínculos inconfesables”. Como filtro, después de todo lo que hemos visto, se entiende. Como regla abre un hueco: si el número no manda, ¿qué manda? Michoacán es donde más se nota. Torres Piña ganó siendo fiscal general con licencia; como fiscal en funciones había citado a declarar a Raúl Morón, su rival más fuerte, y a Leonel Godoy, por el asesinato de Carlos Manzo. Morón pierde por segunda ocasión: en 2021 le cancelaron el registro por no reportar gastos de precampaña y Morena acabó improvisando a Alfredo Ramírez Bedolla. Pero el verdadero problema michoacano de Morena no está adentro. La encuesta que publicó Crónica el mismo día del destape colocó a Torres Piña en empate técnico con Grecia Quiroz. Eso sí debería desvelarlos.
En Guerrero el libreto fue otro. Mojica llegó después de que el partido bloqueó a Félix Salgado Macedonio, descartó a Esthela Damián por no residir en la entidad y dejó atrás a Abelina López, hundida por su gestión en Acapulco. Cuatro mediciones, tres de ellas espejo. Lo reconoció la propia dirigencia: por lo ríspido de la contienda. Rubén Cayetano pide que publiquen los números. Y hay un detalle que a mí me parece el más serio de todos: el PT no estuvo en el anuncio de Guerrero ni en el de Michoacán. Un aliado que se ausenta de la foto todavía está negociando.
Sinaloa fue una curación de emergencia. La designación de Imelda Castro se adelantó para tapar el desastre del regreso y la posterior licencia de Rubén Rocha Moya, y la salida de Enrique Inzunza de la bancada del Senado. Montiel sostuvo que no hubo adelanto alguno; el PT y el Verde dijeron exactamente lo contrario, delante de ella. Lo que viene es más áspero. Chihuahua sigue congelado entre Andrea Chávez, cercana a Adán Augusto López, y Cruz Pérez Cuéllar, panista hasta 2015 y alcalde de Juárez, a quien Arturo Escobar fue a abrazar personalmente en nombre del Verde. En Nuevo León, Tatiana Clouthier, Andrés Mijes y Judith Díaz hablan de dados cargados. Gricelda Valencia impugnó en Colima. En San Luis Potosí, Morena rechazó la alianza con Ruth González, por su parentesco con Ricardo Gallardo, y el Verde no lo tomó bien. Y falta la aritmética: nueve de las 17 candidaturas tienen que ser de mujeres. Alguien que ya ganó va a perder por paridad.
Ricardo Monreal lo advirtió en junio, cuando apenas abrían registros: sin reglas claras habrá inconformidades y deserciones. El PRI administró esto durante décadas porque el que perdía sabía que le tocaría en el siguiente turno; había una maquinaria que lo garantizaba. Morena tiene la disciplina, pero no la maquinaria. La sostiene la popularidad de Claudia Sheinbaum, que hoy alcanza para todo.
En medio de inconformidades, ayer se definieron otras tres coordinaciones: Julieta Ramírez, Baja California; Verónica Díaz, Zacatecas, y Eugenio Segura, Quintana Roo. Yo no apostaría a que Morena pierda gubernaturas. Lo que sí sería probable es que alguno de los perdedores encuentre quién lo postule.
