Mañaneras 2.0
El primer día de Claudia Sheinbaum como presidenta de México vino acompañado de una expectativa alta, y su primera conferencia mañanera no decepcionó. Si bien la estructura sigue siendo la de un ejercicio matutino con la prensa, el cambio en el tono, los contenidos y ...
El primer día de Claudia Sheinbaum como presidenta de México vino acompañado de una expectativa alta, y su primera conferencia mañanera no decepcionó. Si bien la estructura sigue siendo la de un ejercicio matutino con la prensa, el cambio en el tono, los contenidos y la dinámica respecto a su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, fue evidente. Y para muchos, refrescante.
La primera diferencia que saltó a la vista fue la duración. Las mañaneras de López Obrador, en su momento, llegaron a convertirse en verdaderos maratones informativos, con el Presidente dispuesto a contestar preguntas durante más de dos horas. La de Sheinbaum fue concisa, eficiente y al grano. En menos de una hora se abordaron los puntos clave del día, con respuestas claras y una actitud receptiva, pero sin la digresión o el enfoque repetitivo que caracterizaba las de su antecesor.
Lo que también cambió fue la narrativa. Mientras que AMLO usaba las mañaneras como un espacio para exponer constantemente sus posturas políticas, sus batallas contra los “conservadores” y para explicar su visión de país con una retórica que dividía entre “ellos” y “nosotros”, Sheinbaum adoptó un enfoque más inclusivo y colaborativo.
Su mensaje fue claro: México avanza con unidad y diálogo. Ya no se trataba de señalar a los culpables de los problemas, sino de ofrecer soluciones concretas y convocar a todos los sectores de la sociedad a sumarse a su visión de progreso.
Otro cambio crucial fue el contenido. En lugar de centrarse en largos monólogos sobre los logros pasados o en repeticiones de promesas de campaña, la nueva Presidenta optó por presentar un plan de acción con datos específicos sobre la implementación de políticas públicas inmediatas. La educación, la salud y el impulso a la transición energética fueron temas centrales, y lo más interesante fue que, en lugar de utilizar su espacio sólo para defender su agenda, Sheinbaum dedicó tiempo a explicar cómo cada medida impactaría en la vida diaria de los ciudadanos.
El estilo visual de la mañanera también recibió una actualización. Si bien AMLO mantuvo un formato austero, Sheinbaum ha optado por un enfoque más moderno, con gráficas claras y presentaciones visuales que apoyan los datos que expone. Esto puede parecer un detalle menor, pero en una era en la que la información visual y accesible es clave, hace toda la diferencia para una audiencia que está buscando comprender mejor los desafíos del país.
La relación con la prensa, siempre un tema sensible en las mañaneras, también mostró un cambio. Aunque López Obrador marcó una distancia evidente con ciertos sectores de los medios de comunicación, a menudo tildándolos de “prensa fifí”, Sheinbaum hizo un esfuerzo consciente por acercarse y establecer un diálogo respetuoso. Sin perder la firmeza en sus posturas, se notó que estaba dispuesta a escuchar, y no sólo a defender su gobierno.
Es evidente que la nueva Presidenta está tratando de redefinir este espacio informativo. Mientras AMLO lo usó como una herramienta de control político y de mensaje directo a su base, Sheinbaum parece estar buscando convertirlo en un espacio de comunicación más horizontal, más abierto a la crítica constructiva y al intercambio de ideas.
Por supuesto, esto no significa que no habrá tensiones en el futuro o que las mañaneras de Sheinbaum siempre serán perfectas. Pero este primer ejercicio demostró que está dispuesta a marcar una diferencia no sólo en estilo, sino también en sustancia. México está viendo el comienzo de una nueva etapa política, y el formato de la mañanera, una de las marcas más distintivas del lopezobradorismo, parece haberse adaptado con éxito a los nuevos tiempos.
Sheinbaum ha dado señales de que está comprometida con mantener un diálogo constante con el pueblo, pero con un enfoque más técnico y menos polarizante. Si esto se mantiene, podría establecer un nuevo estándar para la relación entre el poder y los medios en México, y para el diálogo que se establece entre la Presidencia y los ciudadanos. Sólo el tiempo lo dirá, pero, por ahora, esta nueva mañanera parece estar apuntando en la dirección correcta.
