El Sistema Universal de Salud que anuncia Claudia Sheinbaum no es más que una farsa. Aunque el régimen vende la idea de cobertura universal, la verdad es que estamos ante otro engaño burocrático disfrazado de progreso social y, mientras tanto, millones de mexicanos sufren por la deficiencia del sistema de salud, así como de la falta de medicamentos durante las administraciones de Morena.
Empecemos por la “megafarmacia del bienestar”, la cual fue inservible y, como lo reportaron medios de comunicación, toda la información sobre ella quedó “borrada”; a esto hay que sumarle millones de vacunas que faltaron para todos los ciudadanos por diversas enfermedades, como ejemplo, hoy el tema del sarampión. Así como las declaraciones de la Organización Mundial de la Salud sobre nuestro país: “Es una verdadera tragedia” que en México mueran miles de personas por falta de tratamiento para el cáncer, sobre todo muchos niños; no nos olvidemos del pésimo manejo de Morena sobre el covid-19, donde miles de personas murieron por la imprudencia de un gobierno que minimizó la pandemia.
Comencemos por lo más evidente, el país atraviesa una etapa crítica en la distribución y desabasto de medicamentos. No es un supuesto ni una opinión política, son hechos documentados. En 2024, el IMSS dejó sin surtir más de 11 millones de piezas de medicamentos a sus derechohabientes —pacientes con enfermedades crónicas que requieren continuidad en sus tratamientos.
La situación es todavía más grave cuando se revisa la crisis financiera de este gobierno. Según la información y que han documentado medios de comunicación, a inicios de este año 2026 el IMSS-Bienestar arrastra una deuda con proveedores de medicamentos que asciende a más de 15 mil millones de pesos. Los proveedores han perdido la confianza en el sistema y existe el riesgo real de que las próximas licitaciones queden desiertas y, peor aún, que lo manejen los cercanos al gobierno. A este escenario se suma la falta de personal médico y la infraestructura insuficiente. No basta con crear una credencial y decirle a la gente “ahora puedes ir al IMSS o al ISSSTE, según te convenga”, cuando ambas instituciones están saturadas, sin personal suficiente y sin medicamentos. La credencialización es únicamente un instrumento de propaganda, como todo lo que hace Morena; los mexicanos deben saber que esa credencial es una herramienta que no resuelve absolutamente nada. La realidad es que todas estas personas jamás van a poder ser atendidas con un sistema de salud de calidad. Como dijo un periódico de circulación nacional, en lugar de estar gastando en credencialización, deberían poner, por lo menos, un hospital que funcione.
Morena desapareció el Seguro Popular en 2019, un programa social que funcionaba para la gran mayoría de los mexicanos, todo por un capricho del irresponsable López Obrador, quien decidió destruir un programa que atendía a 52 millones de mexicanos.
En este contexto, sería una irresponsabilidad por parte de todos los mexicanos aceptar sin cuestionamientos este modelo de salud universal. Hoy, todos tenemos la obligación de exigir, primero, que se resuelvan los problemas actuales antes de implementar sistemas nuevos. Si no se garantiza el abasto de medicamentos, si no se paga a los proveedores, si no se contrata al personal necesario, si no se invierte en infraestructura real y funcional, cualquier credencial universal será simplemente un documento inútil en manos de familias mexicanas desesperadas que demandan atención médica con urgencia.
El derecho a la salud no se arregla con credencialización o diciendo que ya superamos a Dinamarca, lo que requiere son hospitales que funcionen, medicamentos disponibles, personal médico suficiente y gobiernos capaces de enfrentar la realidad en lugar de maquillarla con narrativas optimistas.
No más mentiras, no más mexicanos sin atención médica y, sobre todo, no más niños muertos por culpa del sistema de salud. Si realmente quisieran arreglar la salud, deberían dejar de gastar en estupideces como los trenes de los hijos de AMLO, la refinería que no refina, regalarle gasolina a Cuba, entre otras muchas ocurrencias de este gobierno.
