Maltratados
• Las menores víctimas de trata provienen de estados como Chiapas, Estado de México, Baja California y Chihuahua.

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
“El mundo nos ha mostrado que todos los niños del mundo son nuestros. A veces nos encontramos con un mundo que ama y se preocupa sólo por sus hijos biológicos, por nuestros hermanos, pero creo firmemente que, en este momento, debemos ser responsables de cada niño en el mundo o no podremos encontrar la paz (...) De lo contrario no aportamos herramientas de estabilidad a la sociedad. Hoy eso es peligroso, porque muchas personas explotan a los niños en muchas formas, los filtran en prostitución, los venden o los usan para fines pornográficos....”, me dijo Kailash Satyarthi, Premio Nobel de la Paz junto a Malala Yousafzai en 2014, en entrevista para Imagen Televisión.
Y pareciera que hablamos de una realidad ajena, pero el golpe de realidad siempre llega con las cifras: cinco mil 245 menores víctimas de trata de personas en cinco años. Trata. Aquí cabe tanto, todo igual de aterrador.
Niños y adolescentes a quienes se les acaban los sueños, porque los convierten en el vehículo de los otros, siempre pesadillas, de alguien más. Prostitución, explotación laboral, trabajos forzados y hasta la mendicidad. Los datos los reveló ayer el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la CDMX. Precisa que Chiapas, Estado de México, Baja California y Chihuahua son los estados más afectados.
Y aquí falta contabilizar a los menores que hoy han sido reclutados por el crimen organizado.
En este espacio hemos hablado de ello: niños y adolescentes que participan en videos amenazantes o de tortura y ejecución a nombre de algún cártel. Aunque, claro, todo apunta siempre a la misma dirección: “En el tráfico de drogas, de armas ilegales y de humanos, todos los criminales trabajan de manera colectiva para grupos distintos de la mafia que se dedican a varios delitos (...) Están usando niños para el tráfico de drogas, para enviar drogas a otro lugar, y esto no sólo pasa en México, esto sucede en cualquier parte del mundo. Los disponen para las mafias, les ponen drogas en sus bolsillos y los envían a diferentes lugares....”, agregó Satyarthi.
Y si la realidad de violencia generalizada espanta, la que llega con esa violencia interiorizada, normalizada a través de varias generaciones en el comportamiento cotidiano, quita el aliento, pues hoy más que nunca nuestro país es ejemplo claro de a donde llegan sus terribles consecuencias y que afectan particularmente a la vida de las niñas:
“Todavía vivimos en la era de la complicidad y la mentalidad de que las niñas son tratadas como tributo, sólo como un cuerpo, a veces para prostitución a veces para ayuda doméstica, a veces para tráfico, siempre y cuando la esclavitud continúe. Y las nuevas formas de abuso son el uso excesivo e indebido del cuerpo de las chicas...”, me expresó el Nobel. Y para él, la respuesta podría estar mucho más cerca y a nuestro alcance de lo que creemos:
“Es importante empoderar a las niñas y las madres para que reciban una educación igualitaria. Todos los niños deben recibir educación igualitaria (...) Por eso tenemos que construir respeto por las chicas, y los medios tienen un papel aquí. La igualdad debe ser importante para cada líder, cada iglesia, cada escuela, cada familia. Hablar y enseñar el respeto por las niñas, eso nos puede ayudar a salvarlas...”.
Tal vez el único, pero en esto, es que en México el tema educativo se ha convertido en rehén de grupos que prefieren legislaciones a modo que aquéllas que ponen a los niños en el centro.