Kamala, discurso de Estado
En su discurso de aceptación, Kamala Harris demostró que, incluso en uno de los momentos más divisivos en la historia de Estados Unidos, la democracia y el respeto a las instituciones pueden ser el único camino hacia la reconciliación nacional. Con tono sereno, pero ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
En su discurso de aceptación, Kamala Harris demostró que, incluso en uno de los momentos más divisivos en la historia de Estados Unidos, la democracia y el respeto a las instituciones pueden ser el único camino hacia la reconciliación nacional. Con tono sereno, pero resuelto, la vicepresidenta dio ayer un gran discurso para defender los valores democráticos fundamentales en un país profundamente fracturado por sus diferencias.
El mensaje de Harris resonó con particular fuerza al recordar que EU fue construido sobre los cimientos de la pluralidad y la coexistencia de opiniones diversas. En lugar de adoptar una retórica incendiaria o revanchista, optó por tender puentes, enfatizando en que la diversidad, lejos de ser una fuente de conflicto, constituye la verdadera fortaleza de la nación. El discurso evitó cuidadosamente la demonización de su oponente y sus simpatizantes, reconociendo que millones de estadunidenses eligieron un camino diferente, pero asegurando que todos tienen un lugar en el futuro del país.
La defensa apasionada que hizo de las instituciones democráticas envía un mensaje poderoso a una población dividida y desencantada. El énfasis en la fortaleza institucional adquiere relevancia cuando tantos ciudadanos sienten que su voz ha sido ahogada por intereses partidistas. En un momento en que la política se ha convertido en una batalla de “nosotros contra ellos”, Harris recordó que los sistemas de gobierno deben servir a todos, no sólo a quienes resultan victoriosos en las urnas.
La fragmentación que enfrenta EU no es un fenómeno aislado: desde Brasil hasta México, desde España hasta Hungría, la política es un campo de batalla entre extremos. La desconfianza hacia las instituciones, el auge del populismo y la retórica divisiva son denominadores comunes en democracias en el mundo, erosionan la cohesión social y la fe en los sistemas de gobierno.
El discurso de Harris marcó un contraste notable con el tono de confrontación que domina el discurso político. Muchos líderes han optado por profundizar divisiones, ella eligió enfatizar el papel de la democracia y la convivencia pacífica como puentes que pueden y deben reconstruirse. En lugar de alinearse con tendencias pirómanas y destructivas o nacionalismos extremos, defendió el poder del diálogo y la participación, subrayando que una democracia saludable debe dar cabida a todas las voces, incluyendo a todas aquellas que disienten.
Harris enfatizó que el respeto a la ley y a las instituciones no es una cuestión de conveniencia política, sino de principios fundamentales. Empezó por reconocer su derrota, porque así tiene que ser en democracia. El mensaje es relevante, porque el sistema electoral estadunidense ha sido objeto de ataques y desinformación sistemática. Al reafirmar su compromiso con los principios democráticos y la integridad del proceso electoral, Harris no sólo defendió el sistema, sino que alentó a la ciudadanía a mantener su fe en él.
Su enfoque, basado en la inclusión y el respeto, ofrece una alternativa esperanzadora a la política del odio y la división. La visión de un liderazgo que construye puentes en lugar de dinamitarlos podría ser la clave para sanar una sociedad fragmentada. Harris reconoce que los desafíos por venir son formidables y que los problemas estructurales no se resolverán con una sola elección. Su mensaje transmite una voluntad genuina de escuchar y ser factor de estabilidad y reencuentro.
El mensaje recuerda que el cambio político no tiene por qué ser de confrontación. En tiempos cuando la política se ha convertido en una trinchera, su discurso demuestra que la verdadera fortaleza de una democracia reside en su capacidad para acoger a todos, incluso a aquellos con quienes discrepamos profundamente. La aún vicepresidenta de EU tiene muy claro que saber ganar y saber perder en democracia no puede ocurrir fuera de la democracia misma: es la única visión de Estado que garantiza lugares nobles y dignos en la Historia.
ADDENDUM: Y a propósito de lo anterior, me cuentan que la presidenta Claudia Sheinbaum felicitó al candidato ganador Donald Trump hasta la tarde para ser congruente, institucional y respetuosa. Aunque las encuestas y medios ya lo daban como ganador, ella prefirió esperar los resultados oficiales o que la otra candidata, Kamala Harris concediera. La prudencia y el respeto a los tiempos y procesos son clave en su estilo de gobernar.