Harfuch: local, nacional y bilateral
La creación de una súper Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, con Omar García Harfuch al frente, no es un salto al vacío. A diferencia de muchos experimentos en esta materia en México, éste tiene un precedente exitoso y medible: la gestión del propio ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
La creación de una súper Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, con Omar García Harfuch al frente, no es un salto al vacío. A diferencia de muchos experimentos en esta materia en México, éste tiene un precedente exitoso y medible: la gestión del propio García Harfuch al frente de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México.
Los números hablan por sí mismos. Durante su gestión en la capital, los homicidios dolosos se redujeron en 53%, los robos de vehículos cayeron 56%, y el secuestro disminuyó en 92 por ciento. No son datos maquillados; son resultados verificables que se tradujeron en una mejora tangible en la percepción de seguridad de los capitalinos.
¿Cómo lo logró? La fórmula de Claudia Sheinbaum y García Harfuch en la CDMX combinó varios elementos: inteligencia policial sofisticada, coordinación efectiva entre diferentes cuerpos de seguridad, uso intensivo de tecnología (incluyendo el C5 y la red de cámaras de vigilancia) y continuidad en las estrategias que funcionan.
Pero hay otro factor que hace interesante este nombramiento en el contexto actual: la relación de larga data que García Harfuch mantiene con las agencias de seguridad estadunidenses. Durante años, ha cultivado vínculos profesionales con la DEA, el FBI y otras agencias americanas, participando en programas de capacitación, operaciones conjuntas y compartiendo información de inteligencia.
Esta relación cobra especial relevancia ante el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca. Trump encontraría en García Harfuch un interlocutor ya conocido por las agencias estadunidenses y con un historial probado de resultados.
La experiencia de Omar en la CDMX ofrece un modelo potencial para la escala nacional. En la capital logró mantener a raya a los grandes cárteles mientras combatía eficazmente la delincuencia común. Su estrategia de inteligencia “golpes quirúrgicos” contra objetivos criminales específicos, apoyada en trabajo de inteligencia, demostró que es posible reducir la violencia sin recurrir a confrontaciones que suelen generar más violencia. Sin embargo, el salto de la escala local a la nacional presenta desafíos únicos. El país es un mosaico de realidades criminales diversas, con 32 entidades, cientos de cuerpos policiales y presupuestos dispares.
La relación con EU añade otra capa de complejidad. Trump regresará a la presidencia y su retórica sobre México y su enfoque en la seguridad fronteriza pueden generar presiones significativas. Aquí es donde la experiencia de García Harfuch en la cooperación bilateral podría ser crucial. Conoce el lenguaje, los procedimientos y las prioridades de las agencias de EU, lo que podría ayudar a navegar las turbulencias diplomáticas con el segundo mandato de Trump.
La nueva súper secretaría tendrá que equilibrar múltiples prioridades: mantener la soberanía nacional en materia de seguridad mientras se coopera con EU, combatir al crimen organizado sin militarizar aún más al país y replicar a escala nacional los éxitos logrados en la CDMX.
La pregunta es si este modelo puede funcionar a escala nacional. El éxito en la CDMX se construyó sobre una policía reformada, infraestructura tecnológica avanzada y recursos adecuados. Replicar éstas en todo el país requerirá no sólo voluntad política y recursos, sino además tiempo y paciencia.
Además, la relación con EU deberá manejarse con particular delicadeza. La experiencia de García Harfuch en la cooperación bilateral es un activo, pero también podría convertirse en un punto de crítica en un país (México) donde la colaboración con agencias extranjeras suele verse con recelo.
México enfrenta una crisis de seguridad que requiere soluciones probadas, mientras se avecina un periodo de potencial turbulencia en la relación bilateral con EU. García Harfuch podría ser el puente que México necesita entre estos desafíos. La apuesta es ambiciosa: replicar a nivel nacional un modelo que funcionó en la capital, mientras se mantiene una cooperación internacional efectiva en un contexto político potencialmente hostil. El éxito dependerá no sólo de García Harfuch para escalar su modelo de gestión, sino también de su habilidad para navegar las complejidades de la política nacional y bilateral en tiempos turbulentos.