El futuro que Claudia sí entiende
Mientras Andrés Manuel López Obrador se dedicó seis años a construir refinerías obsoletas y trenes que a veces parece que no van a ninguna parte, Claudia Sheinbaum presentó ayer una supercomputadora que situará a México en una liga completamente distinta. Coatlicue, ...
Mientras Andrés Manuel López Obrador se dedicó seis años a construir refinerías obsoletas y trenes que a veces parece que no van a ninguna parte, Claudia Sheinbaum presentó ayer una supercomputadora que situará a México en una liga completamente distinta. Coatlicue, la nueva supercomputadora pública mexicana con inversión de seis mil millones de pesos, tendrá capacidad de 314 mil billones de operaciones por segundo —siete veces más potente que cualquier cosa que exista en América Latina—. Será operada por talento mexicano y estará lista en 24 meses a partir de enero de 2026.
La pregunta: ¿Por qué una presidenta que heredó un país con violencia desbocada e infraestructura que las décadas han ido dejando en ruinas, decide invertir seis mil millones en una supercomputadora? La respuesta: Sheinbaum entiende que el siglo XXI no se ganará con petróleo, sino con capacidad de procesar información.
José Antonio Peña Merino —Pepe Merino, cerebro detrás de esta transformación— explicó que Coatlicue estará integrada por 14 mil 480 unidades de procesamiento gráfico (GPU) que equivalen a 375 mil computadoras operando simultáneamente. Para dimensionarlo: permitirá cruzar información del SAT con aduanas para combatir evasión fiscal, algo que hoy es imposible. Los grandes evasores fiscales que durante décadas han movido dinero con facturas fantasma, enfrentarán tecnología que podrá rastrear sus trucos más rápido de lo que pueden inventar nuevos. También servirá para predicciones climatológicas, planeación de siembras, procesamiento de imágenes para exploración petrolera y planificación energética. Es la diferencia entre gobernar con presentimientos y con información verificable.
Coatlicue no llegó de la nada. El 6 de noviembre, Sheinbaum y Peña Merino presentaron el Centro Público de Formación en Inteligencia Artificial, un programa gratuito con certificación oficial que capacitará a 25 mil estudiantes al año en análisis de datos, nube, Java y ciberseguridad. La primera generación arranca en enero de 2026 con 10 mil estudiantes con doble certificación avalada por autoridades educativas y empresas como Google, Microsoft, AWS, Oracle, Meta, IBM y Salesforce. Es la apuesta más grande que cualquier gobierno latinoamericano haya hecho para formar talento tecnológico propio.
Como parte de un convenio con el Barcelona Supercomputing Center, México comenzará a operar un Centro Mexicano de Supercómputo desde España. Más de mil investigadores mexicanos ya han participado en programas de formación. No es dependencia, es estrategia inteligente para acelerar capacidades mientras se construye infraestructura propia. La diferencia con el sexenio anterior es brutal. AMLO inauguraba aeropuertos que nadie pidió. Sheinbaum invierte en la única infraestructura que genera riqueza en el siglo XXI: capacidad de procesamiento de datos y formación masiva de talento tecnológico. Cuando esté operativa, Coatlicue será pública, con instituciones académicas, gobiernos y empresas usando su capacidad. Convertirá al Estado en plataforma de desarrollo tecnológico.
¿Es suficiente? No. México sigue siendo un país donde la supercomputadora más poderosa actual tiene apenas 2.3 petaflops de capacidad —Coatlicue tendrá 314 petaflops—, 130 veces más potente. Por primera vez hay un gobierno que entiende que la batalla del futuro se libra con científicos y capacidad de procesar información.
Con todas las dudas razonables: Sheinbaum piensa en términos de décadas. Invierte en infraestructura que generá valor cuando ella ya no esté. Está formando miles de jóvenes en habilidades que importarán para 2030. Y lo hace de la mano de Pepe Merino, probablemente el funcionario más competente en transformación digital.
AMLO levantó monumentos a su nostalgia. Sheinbaum construye las herramientas para el México que podría existir.
Bien administrada, Coatlicue será la prueba de que el país es capaz de dar saltos cuánticos generacionales cuando tiene liderazgo que entiende hacia dónde va el mundo. Ayer, Sheinbaum hizo lo que desde siempre ha querido hacer: apostar fuerte por el futuro...
