Choo, choo…
¡Ah, la magia de los trenes! Esa evocadora imagen de locomotoras avanzando por la vía férrea, el sonido del silbato resonando en el aire... ¿Quién no se emocionaría con la inauguración de dos proyectos ferroviarios en tan poco tiempo? Pero, como suele ocurrir en la ...
¡Ah, la magia de los trenes! Esa evocadora imagen de locomotoras avanzando por la vía férrea, el sonido del silbato resonando en el aire... ¿Quién no se emocionaría con la inauguración de dos proyectos ferroviarios en tan poco tiempo? Pero, como suele ocurrir en la política, la realidad supera a veces la más desbordante de las expectativas. ¡Qué Navidad tan emocionante! Andrés Manuel López Obrador nos dio dos regalos muy especiales: la inauguración del Tren Maya y la del Tren Interoceánico.
El Tren Maya es un proyecto ambicioso que busca conectar el sureste de México a través de una línea ferroviaria de 1,500 kilómetros. El tramo inaugural, que va de Palenque, Chiapas, a Escárcega, Campeche, ya está en funcionamiento.
El Tren Interoceánico es un proyecto similar que busca conectar el Pacífico y el Atlántico a través de una línea ferroviaria de 328 kilómetros. El tramo inaugural, que va de Salina Cruz, Oaxaca, a Coatzacoalcos, Veracruz, también ya está en funcionamiento.
¡Qué alegría! Dos trenes nuevos para México. Pero, ¿realmente son motivo de alegría?
El Tren Maya, la joya de la corona de la administración actual. La promesa inicial de conectar el sureste mexicano y fomentar el turismo parecía un sueño hecho realidad. Sin embargo, el primer tramo ya nos da una pista de que este tren va a una velocidad diferente a la que muchos esperábamos. Triplicó su costo original y también triplicó el tiempo de traslado en su viaje inaugural. ¿Será que el Tren Maya está siguiendo la filosofía del “tren lento, pero seguro”?
Pero no nos detendremos ahí. ¡Oh, no! También tenemos el Tren Interoceánico, ese proyecto que ha pasado de administración en administración en calidad de proyecto como un testigo en una carrera de relevos. Inicialmente concebido como un tren de carga para impulsar el comercio entre los océanos Pacífico y Atlántico, ahora nos dicen que competirá con el Canal de Panamá cuando tenga más rieles, trenes y vagones. ¿Quién necesita un canal cuando puedes tener un tren, después de todo? Pero, por lo pronto, llevará pasajeros en primera y en segunda clase. Ajá. Así.
La pregunta que flota en el aire es si el Presidente se apresuró en estas inauguraciones. ¿Eran realmente necesarias en este momento? ¿O fue simplemente una muestra más de la estrategia de “inaugurar para ganar” sin importar las condiciones reales de los proyectos? No olvidemos el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) que, aunque inaugurado con bombos y platillos, aún enfrenta desafíos considerables para alcanzar su funcionamiento pleno.
En el fascinante mundo de las inauguraciones prematuras, el presidente López Obrador parece ser un maestro. Quizás deberíamos prepararnos para más sorpresas en el futuro, porque, como dice el refrán, “tren que se va, otra inauguración que viene”. Mientras tanto, el viaje en estos nuevos trenes del progreso parece ser más incierto de lo que nos gustaría admitir. ¿Serán estos proyectos viables y rentables, o enfrentarán obstáculos similares a los de otras grandes iniciativas gubernamentales? La realidad, como siempre, se encargará de responder a estas preguntas con el tiempo. Mientras tanto, disfrutemos del espectáculo y preparemos nuestras mejores metáforas ferroviarias para los próximos actos del gran circo de las inauguraciones. ¡Choo, choo!
Addendum
Esta columna se toma una semana de vacaciones ¡Les deseo a todas y a todos una Feliz Navidad y un 2024 maravilloso!
