Un canciller de una pieza

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Ayer, durante un almuerzo en los jardines de la Casa Blanca, Donald Trump volvió a la carga. Dijo que los cárteles controlan México, que así se lo ha dicho a la Presidenta, que ella “no está contenta” y que la ofensiva por tierra todavía no arranca a toda su fuerza, “pero ya está comenzando”. Remató con el elogio envenenado de siempre: Sheinbaum es una mujer maravillosa, pero los cárteles controlan México. Y por si quedaban dudas, agregó que México debería hacer el trabajo, aunque “ahora mismo no son capaces”.

Llevamos desde enero escuchando esta amenaza y corremos el riesgo de normalizarla. Más útil es mirar quién recibe el golpe del otro lado de la mesa y cómo lo devuelve. Desde abril, cuando Juan Ramón de la Fuente dejó la Cancillería por motivos de salud, ese papel le tocó a Roberto Velasco, diplomático de carrera y subsecretario para América del Norte desde 2020. Medio año después, me parece claro que México tiene un gran canciller.

La prueba más visible fue en Nueva York. Sheinbaum volvió a no ir a la Asamblea General de la ONU y lo mandó a él. Tres días antes, desde esa misma tribuna, Trump había llamado a México el epicentro de la violencia de los cárteles. Velasco pudo contestar con el hígado. No lo hizo. No mencionó a Trump ni a Estados Unidos una sola vez, y aun así todos entendieron a quién le hablaba cuando dijo que “México ha demostrado que un país puede cooperar estrecha y respetuosamente con sus socios y al mismo tiempo hacer valer su soberanía plenamente”. Era el discurso soberanista de la Presidenta, traducido al idioma de la diplomacia, sin una sola frase que pudiera usarse en su contra en Washington.

El miércoles, en el Senado, repitió la fórmula con números. Dejó una línea que resume su método: “Para un país cuya historia está marcada por invasiones e intervenciones extranjeras, el derecho internacional es nuestra principal arma”. Reportó más de 152 mil atenciones consulares y 16 notas diplomáticas por mexicanos lesionados o muertos bajo custodia. En el terreno que obsesiona a Trump presentó lo que Washington pide y casi nunca reconoce: los decomisos mensuales de fentanilo en su frontera sur cayeron 67% desde octubre de 2024, México capturó a cinco de los diez más buscados del FBI y retiró más de 35 mil armas, cerca de 80% provenientes de allá.

Hubo un momento que retrata su estilo. Marko Cortés le reclamó que Trump frenó la extensión del T-MEC porque México no extraditó a Rubén Rocha Moya. Velasco no levantó la voz. Le contestó con una pregunta: si el tratado es trilateral, ¿qué tiene que ver Canadá con una extradición? Estados Unidos no aceptó renovar el T-MEC el 1 de julio y siguen los aranceles de hasta 50% al acero, al aluminio y a los autos. La mesa técnica la lleva Marcelo Ebrard, pero el respaldo político que impide que cada amenaza de Trump contamine esa negociación sale de la Cancillería.

Esa calma se cotiza. En el primer semestre México captó 34 mil 968 millones de dólares de inversión extranjera directa, récord para ese periodo, y casi la mitad vino de Estados Unidos. Quien decide dónde poner una planta lee los titulares de Trump, pero también se fija en si el gobierno mexicano pierde los estribos. No los ha perdido. Las embajadas, por su parte, reportan haber facilitado más de mil 500 millones de dólares en inversiones.

En la misma sesión, Lilly Téllez soltó que el verdadero canciller es Omar García Harfuch. Quiso pegar y acabó describiendo cómo funciona este gabinete. Harfuch pone los resultados de seguridad que Washington aplaude; Velasco cuida que esa cooperación tenga “una sola puerta de entrada: la que marca la ley por medio de la cancillería”. Se necesitan los dos.

Trump habló ayer también de un plazo para que los cárteles se rindan. Lo previsible es que la respuesta mexicana sea la que Velasco describió ante los senadores: serenidad, firmeza y diálogo permanente. Frente a alguien que amenaza con tropas puede sonar poco. Pero no le hemos visto un resbalón al canciller, y con este vecino, y con estos contextos, eso ya es mucho, mucho decir.