León XIV, un Papa que decidió mostrar su humanidad

Prevost sigue siendo Papa desde la habitación del piso 10, el ministerio petrino no se delega

columnista invitado global

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Marinellys Tremamunno*

El martes 13 de octubre, un coche oscuro se detuvo frente al Policlínico Gemelli de Roma. León XIV bajó caminando, sonrió, saludó a los pacientes que se habían acercado a aplaudirle y entró por su propio pie. Ocho horas después, el parte firmado por los doctores Luigi Carbone y Stefano Margaritora contenía una palabra que nadie esperaba leer: adenocarcinoma. Al Papa le habían extirpado el lóbulo inferior del pulmón derecho.

Entre esa sonrisa y ese papel cabe esta historia. Lo inédito de la semana no es que un Papa esté enfermo —los Papas enferman desde hace dos mil años—, sino que lo hayamos sabido así.

Dos días antes, el domingo 11, León XIV se asomó a la ventana del Palacio Apostólico para el Ángelus y lo anunció él mismo: “Recientemente, durante unas revisiones, los médicos me han detectado un nódulo localizado en el pulmón”. Dijo que estaba “en una fase muy temprana”, que había decidido operarse y pidió: “¡Me encomiendo a sus oraciones!”. Un Papa no anuncia una cirugía en medio de una oración mariana. Para eso existen la Oficina de Prensa y una larguísima tradición de silencio.

Durante siglos el cuerpo del Papa fue materia reservada, y no por pudor: el Pontífice es a la vez un hombre y una institución, y cualquier noticia sobre el primero se lee como un dato político sobre la segunda. Un Papa enfermo es un cónclave que se insinúa. En 1958, el médico personal de Pío XII vendió a la prensa fotos del Pontífice agonizante. Durante los 38 días que Francisco pasó hospitalizado en 2025, los boletines fueron escuetos y lo relevante llegó por filtraciones.

Esta vez el anuncio lo hizo el propio interesado y el diagnóstico llegó por escrito, con la palabra exacta y firma clínica. No es la primera vez que un Papa tiene cáncer: es la primera vez que la Santa Sede comunica en tiempo real el diagnóstico oncológico de un Pontífice en ejercicio.

Hay, sin embargo, más información que nunca y falta todavía la decisiva. Sabemos que la intervención transcurrió sin complicaciones y que el Papa ya camina y come con normalidad. No sabemos el estadio del tumor, ni si los ganglios están limpios ni si hará falta tratamiento adicional: eso depende de los estudios patológicos del tejido extraído, y cualquier pronóstico anterior a ellos es especulación.

Queda la pregunta que más me han hecho: quién gobierna mientras tanto. El derecho canónico no prevé la sustitución de un Papa por enfermedad; no existe la figura de un vicepapa. El ministerio petrino es personal e intransferible: sólo se extingue con la muerte o la renuncia. León XIV sigue siendo Papa desde la habitación del piso 10, mientras el cardenal Pietro Parolin mantiene en marcha la Curia. Eso explica por qué la salud de un Papa nunca es un asunto privado, cuando el cargo no se delega, el cuerpo que lo sostiene se vuelve un asunto de gobierno.

Vuelvo a esa sonrisa serena del martes, que ahora se entiende de otro modo. León XIV decidió exponerse al mundo, con la humildad de un ser humano frágil, como todos. Esa decisión ya cambió la manera en que la Iglesia habla del cuerpo de quien la gobierna.

*Corresponsal en el Vaticano

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