En busca del talento perdido

Para Pancho Garfias, respetado y querido.

Me tomo un permiso de Marcel Proust para pensar en lo que hemos perdido. No para lamentarlo, que de nada nos sirve, sino para recuperarlo, que es lo único que nos vale.

En nuestras pláticas radiotelevisadas, hace unos días Pascal Beltrán del Río me recordaba que el mundo ha perdido talento político. Estuve en total acuerdo. Lo hemos platicado mucho y lo hemos escrito juntos o por separado. Hace años como un riesgo del futuro y hoy como una catástrofe del presente.

Aclaro que no soy un nostálgico del pasado y no creo que el pretérito siempre sea lo mejor. Para mí, el Medioevo es un infierno y el Renacimiento es un esplendor. Considero al México independiente muy superior a los 300 años coloniales. Y creo que la Revolución Mexicana nos colocó muy por encima del romántico Porfiriato. 

Creo más en lo nuevo que en lo viejo. Estoy convencido de que los niveles altos de mis hijos y su generación son superiores a los niveles altos de mis coetáneos. De los mediocres de cualquier época o de cualquier sexenio ni siquiera ocuparnos.  

El talento político está de capa caída. La tragedia y la penuria de nuestros países no residen en sus carencias materiales ni financieras ni políticas, sino en una carencia de ideas. Las naciones pierden su talento de gobierno por muchas razones, pero tres son las más conspicuas. La primera es un lapsus electoral porque los electores se equivocan, porque se confunden, porque los engañan, porque los amenazan, porque los compran, porque se fastidian o porque se aventuran.

La segunda la denomino como ideofilia gubernamental. En ella, los gobernantes tan sólo hablan, conviven y deciden entre ellos. Los ajenos no existen, no merecen y no importan. No hay más deseos, más intereses y más necesidades que los suyos. Es la hemofilia de la política. La confrontación de ideas es su preservación y, sin ella, los gobiernos se pudren y hasta se apestan.  

La tercera es la anorexia vocacional, que es muy peligrosa para el futuro. Es la falta de apetito por la política, muy grave en los maduros y en los jóvenes cuando piensan en todo menos en el Estado, en la sociedad y en la nación. Provoca generaciones sin políticos y, cuando no tenemos quien gobierne, escogemos lo que caiga, como cuando no tenemos qué comer. 

Si repasamos 100 años mundiales veremos niveles de lujo o de vergüenza. Menciono en alfabeto dos altos niveles con 30 nombres que escogí, de todos los colores políticos. Los primeros 15 son los que crearon un sistema de Estado y de poder, que es muchísimo. Allí están Adenauer, Calles, Chou, Churchill, De Gaulle, Gandhi, Kennedy, Kruschev, Mandela, Mao, Nasser, Nixon, Roosevelt, Suárez y Tito.

Los siguientes son los que crearon un sistema de gobierno y de autoridad, que también es mucho. Allí están Alemán, Aznar, Blair, Bush padre, Chirac, Merkl, Mitterrand, López Mateos, Nehru, Perón, Sadat, Salinas, Thatcher y Walesa. Por prudencia no menciono, pero no olvido a Juan XXIII y a Juan Pablo II.         

La historia no tiene palabra de honor y todos los pueblos han transitado por la luz y por la tiniebla. Yo creí que Inglaterra había caído al fondo con el gobierno de Theresa May. No imaginaba que llegarían a Boris Johnson. Yo creí que Kirschner, Chávez y Zapatero serían el nivel más bajo de Argentina, de Venezuela y de España. No podría suponer la llegada de Maduro, de Sánchez y de Fernández. Es cierto que Rusia, China y Francia han mejorado su nivel. Pero India, Brasil e Italia ya llevan años de mal en peor.

Creo que algunos nombres de mi lista serán muy repelados porque hay a quienes les molestan los elogios para otros y no sólo las críticas para ellos. Pero cada quien puede hacer las suyas a su gusto, tanto su lista de honor como su lista de vergüenza. Además de éstas de oro, escribí mi lista de innombrables que repugnan al punto de asco. Pero no la digo porque es una lista muy larga y ya consumí todo mi espacio…. ¡Qué lástima!