Adiós
Hoy, México se despide de uno de los presidentes más polémicos de su historia reciente: Andrés Manuel López Obrador, AMLO para unos, El Peje para otros, deja el poder con un legado que dividirá opiniones durante años. Su mandato ha sido tan transformador como ...
Hoy, México se despide de uno de los presidentes más polémicos de su historia reciente: Andrés Manuel López Obrador, AMLO para unos, El Peje para otros, deja el poder con un legado que dividirá opiniones durante años. Su mandato ha sido tan transformador como polarizante, tan revolucionario como regresivo, dependiendo del ángulo desde el que se observe. Para sus seguidores, ha sido el líder que despertó conciencias, rompió con la mafia del poder y devolvió a la gente la esperanza de un México más justo. Para sus detractores, se va como el destructor de las instituciones democráticas, el que puso en riesgo la estabilidad del país y lo condenó a una nueva era de autoritarismo.
El México que “lo ama” se despide con lágrimas y agradecimiento. AMLO fue para ellos la voz de los que nunca habían tenido voz. En un país marcado por la corrupción endémica y el desprecio hacia los más pobres, su lucha contra las élites y su enfoque en las políticas sociales fueron vistos como un faro de esperanza. Los programas sociales, el aumento del salario mínimo y la expansión de la seguridad social son algunos de los logros que destacan. Millones de familias recibieron becas, apoyos y programas que, sin duda, cambiaron su día a día. A los ojos de sus seguidores, López Obrador se enfrentó a poderes fácticos, a empresarios voraces y a una prensa que nunca le dio tregua, defendiendo siempre el interés popular.
Sin embargo, el México que “lo odia” también celebra su partida. Para ellos, AMLO fue el hombre que desmanteló instituciones autónomas, que lanzó una ofensiva contra el Poder Judicial y que gobernó con una mano de hierro disfrazada de discursos de amor al pueblo. El aeropuerto de Texcoco, cancelado con un referéndum dudoso; la refinería de Dos Bocas, símbolo de una nostalgia por un México petrolero; y el Tren Maya, un proyecto criticado por su impacto ambiental y la opacidad en su construcción, son algunas de las decisiones que para sus críticos marcaron su sexenio como uno de caprichos y falta de visión a largo plazo.
Pero AMLO no fue sólo amores u odios. También fue aciertos y errores. En materia de seguridad, su estrategia de “abrazos, no balazos” fracasó rotundamente. Los niveles de violencia no disminuyeron y el país sigue atrapado en una guerra contra el crimen organizado que parece no tener fin. En cambio, su manejo económico fue más prudente de lo que muchos temían. Aunque sus políticas a menudo fueron tachadas de populistas, su administración mantuvo una disciplina fiscal que sorprendió a más de uno. A pesar de la pandemia de covid-19 y los estragos económicos a nivel mundial, la economía mexicana logró recuperarse, aunque la inversión extranjera sufrió debido a la incertidumbre jurídica generada por algunas de sus reformas.
Para los que lo odian, el adiós de AMLO es el cierre de un capítulo de incertidumbre, de lucha contra un gobierno que consideran retrógrado, autoritario y destructivo. Para los que lo aman, su partida deja un vacío emocional, un sentido de orfandad política. Sin embargo, ambos coinciden en algo: el país no será el mismo después de él. No dejó indiferente a nadie. En su afán de dividir a México entre buenos y malos, ricos y pobres, neoliberales y patriotas, AMLO definió una era en la que la neutralidad no era una opción. O estabas con él o estabas contra él.
Ahora, el México que él construyó queda en manos de su sucesora, Claudia Sheinbaum, quien tiene la tarea de continuar un proyecto de transformación sin la sombra de su creador. Pero le queda también un país profundamente dividido, donde la reconciliación parece aún lejana. López Obrador deja el poder para retirarse a su rancho La Chingada en Palenque, como prometió, con la tranquilidad de quien cree haber hecho lo correcto, y con la convicción de que la historia lo absolverá y lo abrazará.
Para unos, “Adiós” significa el fin de un mal sueño; para otros, la despedida de un líder que les dio esperanza. Sea como sea, México dirá adiós con una mezcla de alivio, nostalgia y, sobre todo, incertidumbre sobre lo que viene. ¿Podrá el país sanar sus heridas o la polarización que él alimentó seguirá marcando el futuro?
Es el fin de un ciclo. Adiós, Andrés Manuel. Para bien o para mal, México no será el mismo sin ti.
