En el piso (pero parejo)
“Delfina, le robaste 72 quincenas a los trabajadores para dárselas a tu jefe Higinio”, le dijo Josefina Vázquez Mota a la candidata de Morena, quien hizo “pico de cera” y no dijo nada, sino hasta ayer, cuando aceptó que sí, sí hizo descuentos salariales a ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
“Delfina, le robaste 72 quincenas a los trabajadores para dárselas a tu jefe Higinio”, le dijo Josefina Vázquez Mota a la candidata de Morena, quien hizo “pico de cera” y no dijo nada, sino hasta ayer, cuando aceptó que sí, sí hizo descuentos salariales a empleados de la alcaldía de Texcoco, en sus tiempos de presidenta municipal... ¡pero porque ellos lo pidieron!
“Josefina, si alguien tiene el sello marcado de corrupción eres tú. No has podido explicar qué pasó con los más de mil millones de pesos de los migrantes...”, le dijo Alfredo del Mazo a la candidata de Acción Nacional. Pero al priista se le olvidó que esos varios millones de pesos, según las fuentes que lo denuncian... ¡venían del gobierno federal! ¡Que es de su partido!
Luego Josefina contraatacó: “Es una vergüenza que hoy el PRI te esté quitando tus apoyos sociales si no apoyas al primo del Presidente...”, por si no fue suficiente el autogol que se aventó Del Mazo.
“La candidata de Morena ha aceptado que se dio un finiquito de más de 400 mil pesos...”, dijo Juan Zepeda, el perredista. Quien luego escuchó de la independiente, Teresa Castell: “Juan, en lo único que sí eres experto, es en exponer espectaculares en todo el estado, claro, con nuestro dinero...”. Y mientras tuvo oportunidad, Óscar González prometió meter a la cárcel no sólo a Eruviel Ávila, sino hasta al propio Enrique Peña Nieto.
Desde luego que después de éste, no tan soporífero debate, la logística fue la misma: los seis candidatos salieron y se declararon vencedores. A lo mejor porque entienden que una contienda se trata de verse menos corrupto que el de junto, menos preparado, más improvisado, menos cercano a los electores. Castell, la independiente, leyó en cada una de sus intervenciones, y su discurso no fue distinto al que le hemos escuchado alguna vez a algún candidato. Bueno, durante el debate, en redes sociales hasta le recordaron sus fotografías con EPN, Eruviel y hasta con el mismo Alfredo del Mazo, su hoy contendiente. En todas ellas muy entusiasta, por cierto. Vaya numerito el que se aventó.
Aquí hemos dicho lo aburrido y limitado que resulta el formato de los debates que acostumbra nuestro sistema electoral, pero ello no debería ser razón para que los candidatos muestren sus deficiencias para hacer política. Les basta con que le aparezca algo más escandaloso al de junto para sentir tranquilidad y continuar con su camino sin hacer el mínimo esfuerzo. Los debates en México, ya de por sí marcados por su tristísimo formato, quedan más condenados cuando sus participantes no saben debatir. Y desafortunadamente, estamos viviendo junto a una generación de políticos que no saben debatir. En otros tiempos, aun con escándalos de corrupción encima (porque ese ha sido un lastre desde hace tantísimos años en nuestro país), los políticos eran capaces de debatir y mostrar algo más que una política preparada y escrita en un discurso escrito a manera de guión. Tenían preparación, inteligencia y narrativa. Incluso para sacar trapitos al sol del adversario (condición inequívoca de toda democracia), talento para los ataques y rapidez e ingenio para las respuestas. Ahora ya ni siquiera se preocupan de eso, de una preparación política correcta que los tenga listos para refutar más allá del “pero tú estás peor que yo...”. Y no hablo sólo de estos candidatos, sino de todos los personajes que hoy son protagonistas de la política nacional. Se mantienen callados, mandan escuetos comunicados o pierden el control en las redes sociales en cada cosa que escriben. No hay fondo, sólo forma, no hay nada más allá de la agresión fácil, de la descalificación burda, de la acusación de actos más escandalosos que los propios. A nadie parece importarle evidenciar que saben ser funcionarios públicos, que saben hacer política. Eso es lo que todos tienen en común. Todos están parados en esas arenas movedizas, donde lo único que les importa no es salir de ellas, sino sepultar a los de su alrededor. De poner el piso parejo, así el piso esté por debajo del piso. Así sea para demostrar que todos y todas están, ya no en el piso, si no en el hoyo.