AMLO y Trump, los bipolares

En la búsqueda necia del poder, cualquier cosa vale y cuenta, para muchos de los que lo codician. Si hoy funciona la amabilidad, puede que al otro día lo que beneficie sea la agresividad de las declaraciones y, en una de esas, de las acciones. El chiste es hacerse de ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

En la búsqueda necia del poder, cualquier cosa vale y cuenta, para muchos de los que lo codician. Si hoy funciona la amabilidad, puede que al otro día lo que beneficie sea la agresividad de las declaraciones y, en una de esas, de las acciones. El chiste es hacerse de apoyo, qué importa que la línea discursiva no sea constante y evidencie la terquedad de quienes aseguran tener un proyecto de gobierno. Una elección bien vale una o varias contradicciones.

Cuando en la campaña de 2012 Andrés Manuel López Obrador instauró lo que conocimos como la República Amorosa, ¿la recuerda?, todo era paz y amor del entonces candidato, pues sentía que ya tenía la Presidencia en la bolsa. Esto lo hizo con la intención de sensibilizar a “las élites”, dijo, de los problemas del país. Luego pasó lo que consideraba impensable, perder la elección, y entonces AMLO volvió a ser el incendiario de siempre. La evocación de las emociones dejó de serle rentable. Desde el inicio del sexenio se la ha pasado descalificando no sólo a Enrique Peña Nieto, sino prácticamente a toda figura política que no lo tenga en un altar. Ya no es nada amoroso, lo mismo responde a Ricardo Anaya y Enrique Ochoa que a Vicente Fox y Felipe Calderón. AMLO, claro, se jura y perjura el más honesto y el que sabe qué es lo que necesita el país, dice. En redes sociales siempre escribe sobre la coyuntura que le conviene. Un día acusa al gobierno, pero al otro llama a defenderlo. Ya no entendí. ¿Qué, no es enemigo de la que llama “mafia del poder”?

Tras la visita de Donald Trump, aseguró que él no habría invitado ni al republicano ni a Hillary Clinton. Ya sabemos que la política exterior no es su fuerte. Pero así como se la ha pasado atacando al gobierno federal, en Twitter escribió que deberíamos detener la caída de Peña Nieto, porque no quiere construir a partir de escombros. Él ya se ve despachando en Los Pinos en 2018. Hace un par de semanas, también en Twitter, habló de la “hipocresía” que observa en quienes hoy se “rasgan las vestiduras” por el tema del plagio en la tesis de EPN, pero no hicieron nada cuando Calderón “se robó la elección”. ¿Pues qué, no él mismo ha llamado al perdón de todo aquel que se arrepienta por el mal hecho? Seguramente ya se le olvidó, como se le habrá olvidado que pedía frenar la caída de Peña, pero ahora anuncia una rebelión, aunque pacífica. Lo hizo en el nuevo spot que difundió ayer y donde hace alusión a la obra de George Orwell: “Son lo mismo, fulanos y menganos, puercos y cochinos, cerdos y marranos... pero pronto habrá una rebelión en la granja, pero pacífica...”, y entonces saca una pañoleta blanca en son de paz (o en homenaje a Juan Gabriel, eso sí ya no nos lo aclara). A ver de qué humor amanece mañana.

Y lo mismo aplica para Trump. Esta semana, primero se ufanó de la renuncia de Luis Videgaray para luego decir que lamentaba profundamente que aquella ocurriera. En una entrevista en televisión dijo que la salida del extitular de la SHCP era una señal del “éxito”que había tenido en su visita a nuestro país. Y luego, un día después, escribía en Twitter que era una verdadera pena la salida de Videgaray del equipo de EPN. Dijo que México perdía a un hombre brillante, con quien habría podido lograr grandes acuerdos. ¡Ah!, porque Trump, al igual que AMLO, ya se ve despachando en la Presidencia de su país. Y bueno, sabemos lo que ocurrió aquella tarde que lo vimos junto a EPN, cuando aquí todo fue cordialidad, pero en Arizona no se aguantó las ganas de recordarnos que lo único que quiere es que México pague por el muro aquel infame que planea levantar en la frontera en caso de ganar la elección (tocamos madera).

Estos dos personajes tienen más en común de lo que ellos creen, o estarían dispuestos a admitir. Aunque claro, a lo mejor a ellos no habría sido tan escandaloso verlos reunidos: los dos cambian su discurso según les conviene, cambian de postura como de calzones, los dos prometen cosas que no pueden cumplir, los dos escuchan únicamente lo que se dicen frente al espejo. Ya nada más les falta discutir con ellos mismos. Así de bipolares.

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