La inflación... en el Senado

¿De dónde salieron los cientos de millones? Bueno, eso lo sabemos bien: del erario. La cuestión es saber para dónde se fueron. Cuál fue su real destino. Ayer, Excélsior publicó una investigación de mi compañera Leticia Robles de la Rosa, la cual se resume así: el ...

¿De dónde salieron los cientos de millones? Bueno, eso lo sabemos bien: del erario. La cuestión es saber para dónde se fueron. Cuál fue su real destino. Ayer, Excélsior publicó una investigación de mi compañera Leticia Robles de la Rosa, la cual se resume así: el Senado infla cifras y desaparece millones de pesos que, supuestamente, fueron a parar al presupuesto de subvenciones de los grupos parlamentarios. Oh, no es la primera vez que hablamos de cómo el dinero hierve y parece multiplicarse en favor de nuestros flamantes legisladores. El más común de estos casos es cuando se aprueban aumentos salariales o algún bono extra que los haga sentirse útiles. Esta vez fue más allá de eso. Según lo publicado y cotejado con documentos oficiales, primero se dijo que las subvenciones habían alcanzado un valor de 430 millones de pesos, ¡pero ahora se sabe que en realidad fueron mil 45 millones! Y no es que les tengamos mala fe, pero ¿cómo carajos aparecieron de la nada los 614 millones de pesos de diferencia? Y, sobre todo, ¿a dónde fueron a parar? El desglose de la información da cuenta de la manera en que en muy poco tiempo, los partidos comenzaron a recibir más y más dinero, como si les hiciera en verdad falta. Aumentaron el dinero de sus subvenciones en 286%, y lo hicieron de esta forma: dijeron que al PAN entregaron 147 millones 300 pesos, pero resultó que fueron más de 370 millones; para el PRD no fueron 80 millones 400 mil pesos, sino casi 197 millones; al PVEM no se le dieron 13 millones, sino más de 67 millones 500 pesos; al ya casi extinto PT no le tocaron 20 millones 400 mil pesos, sino cerca de 50 millones; a MC no fueron los 13 millones 100 pesos, sino casi 34 millones; y al PRI, bueno, siendo mayoría tenía que reflejarse esto en su presupuesto, reportaron primero 134 millones 300 mil pesos, pero en realidad recibieron 328 millones 848 mil pesos. Más del doble para el tricolor.

No importa el número de legisladores que cada bancada tenga o haya tenido en las distintas legislaturas de los últimos nueve años —que es el periodo del que se conocen las cifras—, cada partido ha visto incrementado el dinero que les llega a las manos. En el fondo, estamos ante un escándalo en el que las y los políticos que están ocupando un escaño para hacer leyes que garanticen mejores condiciones de vida para los ciudadanos, lo único que parecen estar realmente garantizando son mejores condiciones de vida para sí mismos. Y luego pretenden que la sociedad no esté harta de este tipo de abusos (de corrupción, para decirlo a todas letras), de una partidocracia que no ha hecho sino enriquecerse malhabidamente a costa de una democracia que está siendo atracada antes, incluso, de cumplir la mayoría de edad. Y el argumento que emplean es que el uso que han dado a su presupuesto se ha visto reflejado en su productividad. Eso sí, hemos sabido de casos en que gracias al dinero que se mueve en el Senado, los legisladores organizan fiestas, plenarias y hasta viajes (siempre en primera, primerísima clase) cuyos boletos de avión cuestan cientos de miles de pesos (y claro, su fobia a la “clase turista” la atendemos y resolvemos los contribuyentes que a veces ni de turistas vamos).

Es curioso —o más bien bastante absurdo— cómo ellos mismos se acusan, unos a otros, de falta de transparencia, cuando en realidad ninguno de ellos nos transparenta en qué se gastan los millones de pesos que ellos solitos aprueban para llevárselos a su bolsa... o a la playa o a Europa. O a sus fiestas. O a su cava. O a su casa.

Ésta es una de las tantas cosas que han anquilosado el tema de la corrupción hasta las profundidades del esqueleto de nuestra democracia. No hay forma: a ellos —los legisladores— no les preocupan las respuestas, mucho menos cuando la pregunta va sobre sus gastos. Hace un par de semanas dijeron que en 2013 tuvieron que ocupar el “guardadito” que tenían, pues registraron pérdidas por 3 mil 974 millones de pesos, y no tenían para pagar el sueldo de los legisladores y demás empleados de la Cámara alta. Así que, según los datos publicados, mientras sufren pérdidas en la bolsa izquierda, en la derecha ven inflado su presupuesto pero no saben (es más, no quieren) justificarlo. Ya sólo les faltan unas bacanales para emular al Senado de la decandencia romana (¿o será que no les falta, nomás no nos hemos enterado?).

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